San Juan Bautista

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lunes, 26 de septiembre de 2016

La Fe, más importante que los templos - San Atanasio



     Que Dios os consuele. He sabido que no sólo os entristece mi exilio, sino sobre todo el hecho de que los otros, es decir los arrianos, se han apoderado de los templos por la violencia y entre tanto vosotros habéis sido expulsados de esos lugares. Ellos entonces poseen los templos, vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues qué cosa sea más importante, el templo o la Fe, y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno, supuesto que allí se predique la Fe de los Apóstoles, es santo, si allí habita el Santo. Vosotros sois los dichosos que por la Fe permanecéis dentro de la Iglesia, descansáis en los fundamentos de la Fe, y gozáis de la totalidad de la Fe, que permanece inconfusa. Por tradición apostólica ha llegado hasta vosotros, y muy frecuentemente un odio nefasto ha querido desplazarla, pero no ha podido; al contrario, esos mismos contenidos de la Fe, que ellos han querido desplazar, los han destruido a ellos. Es esto en efecto lo que significa afirmar: “Tú eres el Hijo de Dios vivo”. Por tanto, nadie prevalecerá jamás contra vuestra Fe, mis queridos hermanos, y si en algún momento Dios os devolviere los templos, será menester el mismo convencimiento: que la Fe es más importante que los templos.

     Y precisamente una Fe tan viva suple para vosotros por ahora la devolución de los templos. No es que yo hable sin respaldo de la Escritura, por el contrario, os digo con énfasis que os conviene confrontar sus testimonios. Recordad precisamente que el templo era Jerusalén, y que el templo no estaba en el desierto cuando los enemigos lo invadieron. Los invasores venidos de Babilonia habían irrumpido como juicio de Dios, que probaba o que corregía y que, precisamente por medio de estos enemigos ávidos de sangre, imponía castigo a los que lo ignoraban. Los extranjeros, pues, se posesionaron del lugar, pero éstos, en lugar, negaban a Dios. Justamente porque no sólo no tenían respuestas adecuadas, no las proferían, sino que estaban excluidos de la verdad.

     Por tanto ahora también, ¿de qué les sirve los templos? Sí, efectivamente los tienen, pero eso a los ojos de quienes se mantienen fieles a Dios indica que son culpables, porque han hecho cueva de ladrones y casas de negocios, o sitios de disputas vanas lo que antes era un lugar santo, de modo que ahora les pertenece a quienes antes no les era lícito entrar. Muy queridos, por haberlo oído de quienes han llegado hasta aquí, se todo y muchas cosas peores; pero, repito, cuanto mayor es el empeño de éstos por dominar la Iglesia, tanto más están afuera de Ella. Creen estar dentro de la verdad, aunque en realidad están excluidos de ella, prisioneros de otra cosa, mientras la Iglesia, desolada, sufre la devastación de estos supuestos benefactores.


San Atanasio El Grande
Padre y Doctor Mayor de la Iglesia


Patrología Griega, tomo 26, col. 118/90.

Revista Roma – Nº 109. Año XXIII. Abril 1989. Págs. 30-31.



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jueves, 22 de septiembre de 2016

Francisco, tu paz no es la paz de Cristo… - El Denzinger-Bergoglio




Desde España, para el Denzinger-Bergoglio

“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo” (Jn 14, 27)

“Que el Señor nos dé la paz del corazón, que nos quite todo deseo de avidez, codicia, lucha. ¡No! ¡Paz, paz! Que nuestro corazón sea un corazón de hombre o de mujer de paz. Y más allá de las divisiones de las religiones: ¡todos, todos, todos! Porque todos somos hijos de Dios. Y Dios es el Dios de la paz. No existe un dios de la guerra: el que hace la guerra es el maligno, es el diablo, que quiere matar a todos”. (Homilía Santa Marta, 20 de septiembre de 2016)

Elocuente el contraste entre las suaves palabras de Hijo de Dios y el sermón matutino de Francisco. Erre que erre… pues una de las cosas en común de todos los líderes bolivarianos es la obstinación. No desisten de sus ideales absolutistas. Es la vieja fórmula comunista: todo por el pueblo y para el pueblo… incluso contra el pueblo.

Estamos ya cansados de analizar en el Denzinger-Bergoglio las mil locuras de Francisco. Como todo heterodoxo o demagogo, su repertorio es muy limitado y siempre vuelve a las andadas como un eterno y desafinado organillo de feria. Y esto ya nos cansa… pues las mil actividades parroquiales no nos permiten estar explicando cada afirmación que nos llega del obispo de Roma.

Sin embargo, lo que más nos causa repulsa es lo que viene a llamarse, en un lenguaje corriente, “abusar del dolor de la víctimas” para llevar a cabo planes oscuros de politicastro. Aunque tal actitud sea realmente despreciable, nada frena a Francisco. Uno se llega a preguntar qué haría si no existieran las guerras y el terrorismo… ¿Cómo presentaría su idea de la nueva religión universal? En determinados momentos se levanta indignado para hablar contra los atentados… eso sí, con todo cuidado de no ofender a nadie cuando son musulmanes. En otros momentos, su inercia e indolencia delante de los ataques contra su proprio rebaño escandalizan al mundo entero. Nunca se le oirá decir que existe una relación entre la violencia y el Islam. Jamás. Al contrario, lo defiende como religión santa y revelada con una convicción que seguramente no tuvo un Almanzor. Eso sí, condenará sin tapujos cualquier receta de un obispo verdaderamente católico que sea contraindicada con la famosa “misericordina”. Mano de hierro, por lo tanto, contra los pastores y ovejas que pretendan hacer prevalecer el caduco Magisterio de siempre en cualquier materia, sea familiar, sacramental o dogmática.

Pero esto no lo acompleja, pues se ha auto-erigido en el líder mundial de lo “políticamente correcto” y le bastan los aplausos de determinada prensa enemiga de todo lo verdaderamente católico… Todo debe ser sacrificado en el ara de un plan ecuménico que tiende a fundir todas las religiones en un mismo “poliedro”, bajo la presidencia de un mismo “dios” –no se sabe bien con qué atributos y ni siquiera si es personal– y quién sabe… de un mismo “pontífice”. Seguramente este tipo de “iglesia” no provocará las iras de los gobernantes de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, China o Corea del Norte.

Como maestro de lo políticamente correcto, Francisco hace un uso adulterado de la tan preconizada paz. ¿Qué es la paz para Francisco? No es promover la que nos trajo Cristo… sino una paz enlatada a su gusto, populachera y conforme con las conveniencias políticas del momento, que para ello no les falta experiencia a los líderes populistas bolivarianos. Colocan pasión en sus discursos, impresionando por su aparente autenticidad… gritando en favor de los pobres, los humildes, los perseguidos… ¿Qué es la paz para Francisco? Una paz que no merece ese nombre santo, pues la auténtica paz es la que nos llegó la noche de Navidad por el Príncipe de la Paz. No hay otra. Buscarla entre budistas, musulmanes y judíos es demagogia política de candidato a presidente de la ONU. La “paz de Francisco” es el orden de lo políticamente correcto, donde se oculta a Jesucristo para no ofender a los demás, sin preocuparse de que sea pisoteado el Decálogo.

La “paz de Francisco” es el miedo a reconocer que la única Iglesia verdadera es la fundada por Jesucristo, el Mesías Salvador, hijo de María. La “paz de Francisco” es un estado de cosas en que todos los hombres vivan felices, según la gran fraternidad universal, unidos por unos valores éticos reconocidos por todas las religiones cuya referencia final sea el mismo hombre. La “paz de Francisco” es el mundo donde todos se salvan, sea cual fuere su vida moral, pues la “misericordina” lo arregla todo (menos los “corruptos”, léase “capitalistas”, pecado sin perdón).

La “paz de Francisco” es la religión final de la Humanidad, que después de dos mil años sin rumbo llega al buen camino gracias a Francisco… antes todo era error. La “paz de Francisco” es un mundo donde no importa si eres budista, protestante, judío, musulmán, católico o ateo, pues todos son “hijos de Dios”. ¿Qué Dios es ese? Él que tu quieras creer. ¿Cuál es su ley? Vive y deja vivir. ¿Qué te espera? La felicidad. ¿Qué debes hacer? Distribuir misericordina y no condenar. ¿Quién te garantiza que todo esto es verdad? La sonrisa complaciente y bonachona de Francisco, y su bastón, listo para “misericordiarte” si piensas de modo diferente.

Sigue el camino de Francisco y gozarás una paz ecológica-deportiva en este mundo… y el Infierno en la otra.

Nota para los que todavía son católicos:

¿Qué es la verdadera paz? Ver aquí.

¿Todos son hijos de Dios? Ver aquí.

¿Todos se salvan por igual? Ver aquí.





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lunes, 19 de septiembre de 2016

Marx y la esperanza en la historia – Rubén Calderón Bouchet



  Marx fue un pensador burgués. Mal economista en el sentido riguroso y hasta científico del término, no fue el mejor filósofo, pero tuvo el genio de dar al sentido exclusivamente económico de la vida un soplo de demencia religiosa que desató la esperanza de un cambio total provocado por el paso de los medios de producción de las manos del capitalista a las del pueblo organizado. Esta idea fue sembrada sobre una conciencia de la cual no había desaparecido la esperanza esjatolójica en el Reino de Dios y de una transformación del hombre provocada por el fermento de la gracia divina y la conversión religiosa de la voluntad, pero en cuyas convicciones más profundas había entrado para siempre el culto del trabajo humano y la confianza en una redención puramente antropocéntrica.

  Marx no examinó la actividad económica en su sentido lato, a la luz de la eficacia productiva. En ese orden de reflexiones el capitalismo tiene sobre sus ideas todas las ventajas de la eficiencia y a su favor el peso aplastante de las estadísticas y el mejor standard de vida. Pensó la actividad económica en términos de una fuerza transformadora de la naturaleza y la dotó de un ímpetu soteriológico capaz de provocar el advenimiento de un "hombre nuevo", el producto de un salto cualitativo en la evolución de la especie. Era una idea au jour, nacida de una hipótesis biológica y de un tremendo deseo de que fuera verdadera para terminar con el dogma de la creación de la nada. Marx nunca supo bien qué cosa sería ese hombre socialista, pero el sueño armonizaba con sus ambiciones titánicas y coronaba el esfuerzo dialéctico de Hegel con un porvenir. Por el momento y hasta tanto la realización del socialismo no provocara el paso de la pre-historia presenta a la verdadera historia, la visión de este fin último brotado del abrazo de la economía y el evolucionismo biológico incoaba la esperanza en la historia.

  Tener esperanza en la historia es fundar el sentido de la vida en la huidiza movilidad del tiempo. Personalmente esa esperanza es insostenible, porque supone pasar por encima de la inevitable muerte individual. Puedo esperar más allá de la muerte y podrá discutirse la cordura de semejante esperanza. Pero esperar con el convencimiento de que la muerte tiene la última palabra es indudablemente una esperanza desesperada, o más simplemente una forma bastante complicada de la desesperación.

  El marxismo no habla de esperanzas personales y trata de fundar una suerte de esperanza colectiva. Yo espero por otros, pero no por otros que esperan personalmente eso que yo espero por ellos, sino por otros que todavía no son y de los que a ciencia no sé lo que esperarán, en caso de que esperen algo. Mi esperanza se adhiere a un espejismo que permitirá a las generaciones sucesivas ir sacrificándose una tras otra detrás de una ilusión que la muerte de cada uno apaga de un manotazo.



Rubén Calderón Bouchet – “Esperanza, Historia y Utopía” – Ed. Dictio 1980 – Págs. 187-189.




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domingo, 18 de septiembre de 2016

Luteranos de corazón – Fray Gerundio de Tormes



No sabría describirlos adecuadamente. Me recuerdan a aquellos de los que hablaba el Señor cuando decía que quien miraba a una mujer deseándola, ya había adulterado con ella en su corazón. En aquellos tiempos, todavía no se había publicado la Amoris Laetitia y las cosas eran más estrictas. Bueno, el caso es que cuando yo veo a tantos y tantos mirando con el rabillo del ojo el protestantismo, regodeándose en sus virtudes y maravillas, ensimismándose con la doctrina y personalidad de ese benefactor de la Humanidad que fue Lutero, se me hace fácil la analogía con las palabras del Señor: Ya se hicieron protestantes en su interior, ya se protestantizaron en su corazón. El que mira el luteranismo deseándolo, ya se unió a él en su corazón.

Tenemos entre los miembros de nuestra Jerarquía muchos socios del Club del Embobamiento Luterano. Socios de Honor. Han hecho lo posible y lo imposible por protestantizar la Iglesia en muchas cuestiones graves. Pero han conseguido que en el día a día de los fieles llamados católicos, se haya introducido el protestantismo como quien no quiere la cosa. Sin enterarse. Si ahora mismo hiciéramos una encuesta sencilla, -entre los que nos rodean-, sobre la doctrina católica, nos llevaríamos una sorpresa. Hay muchos luteranos entre los catequistas, ministros sin ordenar y ministros ordenados, monjas sin toca y monjas retocadas. Hasta el pueblo ha llegado el olor a oveja que han diseminado los malos pastores.

Casi se podría decir que entre el pueblo fiel, excepto la devoción a la Virgen que todavía existe en pueblos y villorrios, se suele pensar que lo importante es la fe y las obras sirven de poco, que la Biblia la puede interpretar cada uno a su antojo, que la Iglesia católica no es la única verdadera, que los sacerdotes son meros representantes de los laicos, que la Misa es una Cena, que la Eucaristía es un símbolo de Cristo pero nada más,  que los curas y frailes estarían mejor casados, etc, etc.

Estas gentes han sido adoctrinadas durante los últimos cincuenta años por teólogos, párrocos y jerarcas que ya no creían en las verdades católicas y habían llegado a ser protestantes de corazón. Recuerdo a un fraile compañero mío que comenzó a explicar a los novicios la Historia de la Reforma y fue avanzando con tanto brío, que al final él mismo se reformó y se hizo protestante contra todo lo que oliera a doctrina católica.

Si el problema lo podemos ilustrar desde abajo, no hablemos de lo que tenemos arriba. Ya he dicho que los doctores y teólogos fueron los primeros en cabeza. Aunque -todo hay que decirlo-, hubo también quienes se negaron a seguir semejante locura. Pero hemos tenido que sufrir en los cincuenta años precedentes gran cantidad de lobos rapaces que andaban encandilados con Lutero. Y ahora son multitud. Desde aquel Cardenal Bea (jesuíta por cierto), con su decreto de ecumenismo vaticanosegundista hasta los cardenales actuales, joyas del embobamiento por Lutero y sus hijos espirituales, hay sólo un paso. Y si Juan Pablo II besó el Corán, pues entonces a los escritos de Lutero habrá que incensarlos con toda solemnidad, digo yo. Koch, Schöborn, Marx y muchos otros capelos germánicos, han arrastrado también a capelos anglosajones, yanquis y mediterráneos por esta vía maravillosa del ecumenismo memo, que es ese ecumenismo que consigue que los propios se pasen al bando contrario, tras escuchar una predicación en la que se ensalza el bando contrario.

En estos días lúcidos que vivimos, tenemos el impulso de Francisco como carnet de pedigrí del encantamiento por Lutero. Próximamente se celebrará el 500 aniversario de la división y destrucción de la Cristiandad. Se celebrará ensalzando y ponderando las virtudes de quien la hizo posible. Y muchos católicos tan campantes. Y muchos obispos, tan encantados de la vida. Y Francisco, a Suecia. Merece la pena un viaje para honrar y festejar a uno de los mayores ultrajadores, insolentes, profanadores, deslenguados y despotricadores contra la Santa Madre Iglesia. Destructor de los Sacramentos y de la Santa Misa.

Para Francisco, Lutero fue un hombre bueno. Un reformador de las malas costumbres de aquellos papas renacentistas totalitarios que no gobernaban sinodalmente como se hace ahora (ejem). Aquella Roma corrupta, y no la Roma de ahora (ejem). En la que se vendían las indulgencias, no como ahora en la que se venden las nulidades matrimoniales (ejem).

Habría para escribir un libro. Ya comenté algo cuando se dio la magna noticia. Eso era en aquel lejano enero de 2016. Mucho ha llovido desde entonces, en este Pontificado tan lleno de sorpresas. No se canonizará oficialmente a Lutero en Lund, pero se ejemplificará la Reforma Luterana como algo necesario y bueno para la Cristiandad. Pobre Jorge Bergoglio cuando tenga que explicar esto en algunos Tribunales de los que nadie se puede burlar. Y pobrecitos los luteranos de corazón que le acompañan en la Comparsa Herética. Lucharemos por la paz juntos, venceremos a la pobreza juntos, y haremos desaparecer el catolicismo juntos.

Menos mal que después, llegará Nuestro Señor.





                                                                                      

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jueves, 15 de septiembre de 2016

9/11: 15 años de una mentira transparente - Paul Craig Roberts



  Hay muchas teorías conspirativas respecto de los atentados del 9/11. La propia explicación del gobierno de Estados Unidos sobre el 9/11, es una teoría conspirativa en la que unos pocos árabes saudíes lograron burlar los controles de la Agencia nacional de seguridad del Estado norteamericano. Hay muy poca duda de que muchas de las teorías de la conspiración más imaginativas fueron creadas con el propósito de estigmatizar (y acorralar, NT) cualquier escepticismo no importa qué tan bien razonado y sustentado se encuentre, respecto a la verdad oficial.

  Cuando se piensa en 9/11, es importante diferenciar la opinión de expertos de las explicaciones improbables.

  Entre las opiniones de expertos están las de 2.600 ingenieros estructurales y arquitectos de reputación, que formaron los “Arquitectos e Ingenieros por la verdad sobre el 9/11” y han escrito al Congreso pidiendo una investigación verídica, “Bomberos por la verdad del 9/11”, “Pilotos por la verdad del 9/11” y asociaciones similares de físicos y químicos que analizaron los restos del polvo de las Torres Gemelas los cuales informan del hallazgo de materiales cuyos comportamientos son típicos en los utilizados en demoliciones controladas, y ex funcionarios del gobierno que comprenden que una falla de seguridad tan grande como la del 11 de septiembre habría producido y exigido una investigación profunda e inmediata.

  Estos grupos de personas calificadas y con experiencia afirman que la historia oficial del 9/11 es falsa. Arquitectos, ingenieros y científicos sostienen que la historia oficial es técnicamente imposible. Los bomberos y el personal de mantenimiento de las Torres Gemelas dicen que hubo numerosas explosiones dentro de las torres y que las primeras explosiones fueron en los sub-sótanos antes que los edificios sean impactados por los aviones. Experimentados pilotos militares y civiles dicen que las maniobras de las aeronaves están más allá de la capacidad de los presuntos secuestradores. Tanto el co-presidente de la Comisión del 9/11 y su asesor legal han escrito libros en los que han dicho que se le ha ocultado información a la Comisión, que el gobierno de Estados Unidos mintió a la misma Comisión, y que la Comisión se creó para fallar (en sus labores. NT)

  En otras palabras, la firme evidencia, claramente no es compatible con la versión oficial.

  Sabemos que la historia oficial es falsa. No sabemos quién es el responsable o cual fue el propósito que se pretendió con el evento. Sin embargo, la evidencia circunstancial apoya firmemente la sospecha hacia los neoconservadores cuya alta posición en el gobierno les habría permitido tener éxito con un ataque de bandera falsa y retrasar y desviar cualquier investigación hasta que la historia oficial termine siendo grabada en la piedra. También sabemos por los “bailarines israelíes” que elementos del gobierno israelí sabían anticipadamente del ataque y dispusieron agentes israelíes listos para filmar la destrucción de las Torres Gemelas.


  Según documentos de doctrina neoconservadora escritos en la década de 1990, se reclamó un nuevo Pearl Harbor con el fin de lanzar las guerras de Washington por la hegemonía, empezando por Medio-Oriente. Estos documentos doctrinarios señalan ataques a Irak, Siria, Irán, Libia antes del evento del 9/11. Ninguno de estos países tuvieron nada que ver con la historia oficial del 9/11 que culpa a Osama bin Laden de Al Qaeda; grupo yihadista establecido por Washington en la década de 1970 para resistir la ocupación soviética de Afganistán.

  Ninguno de estos países tenía gobiernos yihadistas. Irán tiene una forma moderada de ley islámica, pero Saddam Hussein en Irak y Assad en Siria dirigían gobiernos seculares. Sin embargo, los neoconservadores reclamaron falsamente que Saddam Hussein tenía “conexiones con Al-Qaeda”. Esta mentira y la mentira de que Irak tenía armas de destrucción masiva que amenazaban los EE.UU. fueron usadas para invadir Irak (y de paso desestabilizar el Medio Oriente y el Levante. NT) bajo los ataques del 9/11. A continuación, la justificación de las invasiones cambió. La excusa del 9/11 desapareció, y la “guerra contra el terror” y para “llevar la democracia” tomó su lugar.

  Desde mi cuarto de siglo en Washington, es claro para mí que si un evento como el 9/11 en realidad habría sucedido según la versión oficial, la Casa Blanca, el Congreso y los medios de comunicación habrían pedido a gritos una explicación sobre cómo unos cuantos árabes pudieron engañar cuatro veces en una hora, en el mismo día, a la totalidad de las agencias de seguridad de EE.UU., las agencias de seguridad en Washington de los aliados de la OTAN e Israel, el Consejo Nacional de Seguridad, el control de tráfico aéreo y de seguridad del aeropuerto. En cambio, el gobierno se negó a realizar cualquier investigación durante un año hasta que la mayor parte de la evidencia fue destruida. Que unos pocos árabes hayan derrotado a la seguridad nacional de EE.UU. sería la más grande humillación jamás infligida a una superpotencia, pero nadie se hace responsable. Esto me dice que el 9/11 fue un crimen de Estado contra la democracia.

  El 9/11 fue utilizado por el gobierno de Estados Unidos para lanzar las guerras que han destruido total o parcialmente siete países, matando a millones de personas y que producen millones de refugiados. El 9/11 también se utilizó para crear un estado policial estadounidense, que es una amenaza mucho mayor para la libertad y la democracia que el terrorismo musulmán.



Traducción: Mike Oscar


  Nota de NCSJB: Si bien entendemos que Paul Craig Roberts, como político conservador norteamericano considere a los atentados del 9/11 como un ataque a la “democracia”, verdadera causante de éstas tragedias; sin embargo, al haber sido funcionario del Tesoro durante la Administración Reagan, es un testimonio que vale la pena tenerse en cuenta.



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martes, 13 de septiembre de 2016

Tentaciones de Cristo y la Iglesia (repost) – Por Leonardo Castellani




  De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero seamos breves y notemos
tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros.


  El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el diablo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado –por medio de los judíos– a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8).

  Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijéramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La ciencia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece.

  Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan.” Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sinvergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cristo era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito –dice Santa Teresa– mientras iba volando!”... Pero en realidad no sabemos si fue volando.

  El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra este evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios.

  Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “'Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra –en la política se puede decir que el diablo no tiene rival– Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados, él mangonea todo. El es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Tinieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder connatural para con el pobre “planeta mudo” . Pero todo poder de Dios es.

  Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé solamente por los libros, mentiría.

  ¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de divertir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas llenas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con piedras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios universales?...

  El diablo sabía que Cristo era un varón religioso –lo había visto prepararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua–; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tentación de sensualidad”... Es un error. Las tres fueron tentaciones de soberbia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo.

  El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –“y los ángeles se lo sirvieron”– sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hombre. “Entonces seremos como El, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural.

  Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gentilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vosotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?”. Cristo había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza.

  El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano.

  Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima –se equivocan los ultra-nacionalistas– porque es un anhelo que está en las entrañas de la evolución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo.” De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atrasados y reaccionarios por otro. Paciencia.

  La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está contusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparentemente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha entrado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico.

  “Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares.”

  Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día…

  No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo.

  Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Renacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien.

  La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales –como si dijéramos cambiar milagros por pan– la cual puede llegar a un extremo que se llama simonía, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; milagro al revés; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán.

  La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas distintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los principales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las admirables “costumbres” de la Iglesia primitiva contrapuestas a las malas costumbres de ellos. Véanse sus libros: De Civitate Dei, De Moribus Ecclesiae, De Moribus Manichoeorum...

  Pero una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo; y otra, predicarse a sí mismo. Días pasados oí a un predicador que se mandó una alabanza de la orden a que él pertenecía, que tembló el Campanario de la Iglesia (o sea el Pináculo del Templo); y no pude menos que pensar: “Esto sería mejor que lo dijese el pueblo”.

  La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoniaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo:“La Iglesia no puede ser reformada por la desobediencia...”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta.

  Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.


LEONARDO CASTELLANI – “El Evangelio de Jesucristo” Domingo 1° de Cuaresma – 1957




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sábado, 3 de septiembre de 2016

A los jóvenes estudiantes - Jordán B. Genta




Jóvenes Estudiantes:

  Hay quien cree que la juventud quiere que le fomenten sus pasiones y le hablen de un destino cómodo como si fuesen pasantes de comercio o de una negación nihilista, como si para demostrar la audacia juvenil hubiera que destruirlo todo.

  Chesterton muestra a los jóvenes que el valor, especialmente en los tiempos actuales, consiste en ser partidarios del orden, porque lo verdaderamente revolucionario y renovador, por paradójico que parezca, es el orden. Vuestra rebeldía halla así un magnífico escenario de acción: tened el valor de ser realmente revolucionarios y decid con denuedo las palabras definidas que solo cohíben a los timoratos.

  Ir contra la corriente, contra esa fácil corriente que arrastra, es en nuestros días proclamar el orden inmutable: habrá quien os diga reaccionarios: demostradles que no os asustan los epítetos de su retórica gastada.

  Y frente al internacionalismo con que se os ha querido minar el concepto y la posición de la nacionalidad, proclamad vuestro amor a la Patria y vuestra fe en sus destinos. No se os importe que los demás os contradigan; sólo debe preocuparos, por identidad como a Sócrates, no estar en contradicción con vosotros mismos.

  Se os quiso descastar: se intentó que renunciarás a nuestra estirpe; mostraos orgullosos de vuestros mayores. Se os dijo, en nombre del igualitarismo abstracto y nivelador, que los héroes no existen, que, a lo sumo, deben ser estudiados como casos patológicos.

  Contra esa enseñanza plebeya afirmad la pedagogía del Arquetipo y recordad en todo momento que el ideal cristiano y caballeresco de la vida os identifica como argentinos.

  Sobre los Arquetipos humanos digo en mis lecciones de Psicología:

  “A los jóvenes argentinos dedicamos estos retratos de altas excelencias de vida. Sócrates o el educador; Aristóteles o el filósofo; San Francisco o el amor; San Martín o el soldado; Claudio Bernard o el investigador. Cada una de las cuales testimonia un logrado y magnífico destino. Y es siempre una esencial vocación que se realiza en las varias formas de ascetismo, mostrándonos que la vida es servicio y que hay renuncias que no significan derrota, sino una difícil victoria”.

  “Destacar que la vida existe en función de algo más alto que la trasciende y que concede el supremo rango a la vida del hombre ejemplar - el santo, el filósofo, el educador, el sabio, el caballero, el artista, el soldado - es referir los secretos en pasos por la «senda estrecha», el triunfo sobre sí mismo en toda consagración y la voluntad de afirmación y de sacrificio ahincada en lo más excelso del alma”.

  “Negarlo es demostrar la esclavitud del hombre a los apetitos y a las contingencias de un tiempo perecedero y antihistórico, es aceptar la pura animalidad, es desconocer la realidad profunda, la raíz metafísica de su existencia”.

  “Un hombre dominado por sus impulsos y pasiones, un hombre o un hombre libre que vive como San Francisco, muere como Sócrates, se destierra como San Martín, «desface entuertos y venga agravios» como Don Quijote, o colma sus vigilias de serena sabiduría como Aristóteles”.

  “He aquí, pues, para los jóvenes argentinos la lección de estas vidas ejemplares. Ellas nos enseñan que el hombre no es la bestia de la que nos habla el materialismo y que el más alto decoro de existencia se logra en la tensión y en el alerta de la conciencia lúcida y en la voluntad de dar testimonio y ser recordado”.




Jordán Bruno Genta - "Acerca de la Libertad de Enseñar y de la Enseñanza de la Libertad" Ed. Dictio. Págs. 85-87



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


sábado, 27 de agosto de 2016

Ni vacas sagradas ni mercaderes cobardes (Editorial) – Antonio Caponnetto



     Cuando un hecho político alcanza relieves burdísimos y se exhibe con una impudicia tan tosca cuanto palurda, resulta difícil –por lo obvio- ensayar algún comentario. El deber de simples cronistas nos impele a registrarlo, pero la fatiga moral del módico ciudadano se resiste a abundar en detalles.
   
     Ese hecho grotesco al que estamos aludiendo ha tenido como figura central a la becerra destartalada que responde al nombre de Hebe de Bonafini. Es innecesario abundar en tecnicismos o reconstruir los aspectos jurídicos de lo sucedido. El país entero sabe que esta mujer –parida en los sumideros del resentimiento marxista- está acusada con suficientes fundamentos de actos de defraudación y latrocinio; por decir lo menos. Pero que no sólo puede hacer alarde de su impunidad sin restricciones, sino burlarse durante largas jornadas de todas las instancias institucionales que rigen para cualquier habitante en sus mismas condiciones delictivas.
  
     Y sabe el país entero, asimismo, que para ejecutar tan osado sainete, cuenta con el respaldo, por acción u omisión, de aquellos que supuestamente deberían llevarla hasta las puertas mismas de la cárcel. Todos son cómplices de esta escandalosa lenidad. Desde Bergoglio que le tiende su mano con sobreactuada complacencia –esa misma mano, ¡ay!, negada a los guerreros cautivos o a los católicos cabales- hasta Mauricio Macri que, como buen budista, admite que las vacas son sagradas, e incluso, para la fiesta de Gopastami, sabe que se las baña, decora y venera de un modo especial. Se puede conculcar la justicia, pero no las ofrendas debidas al krishna democrático.

     Quedará para mejores analistas determinar cómo un adefesio de visibles contornos rapiñeros se ha convertido en sacra res, a la que no sólo no se puede perturbar en su calamitoso pastoreo, sino  que hay que agradecerle cada vez que se le ocurre ciscarse y berrear en público. Es una historia larga que venimos denunciando desde hace cuatro décadas, y que no exime de culpas a quienes debiendo comportarse como fusileros públicos de los terroristas optaron por trocarse en desaparecedores clandestinos. Como tampoco exime de culpas a la gentuza de toda índole que cree que detrás de cada desaparecido hay necesariamente un inocente, un héroe glorificable, un joven maravilloso y una cifra inventada.
  
     En cuanto a los hombres decentes que con razón se escandalizan ante tan sucio favoritismo, les recomendamos dos reflexiones, hijas ambas del sentido común. La primera, que no se puede levantar estatuas a las causas y cadalsos a las consecuencias. Si se han erigido miles de efigies al derechohumanismo guerrillero, no puede pretenderse ahora que esos monumentos indignos no nos aplasten con el peso de su ruindad. La segunda reflexión es para que se tome conciencia, una vez más, de la mentira ingénita de este sistema político, que adopta una actitud hímnica ante la noble igualdad, cuando en la práctica hay unos iguales que de tan distintos, a causa de sus privilegios, pueden reírse en la cara del resto de los mortales.
  
     Reconozcamos; eso sí, que la vaca sagrada tiene su épica. De establo, boyeriza y cochiquera; pero la necesaria para enfervorizar a sus adeptos, sean kirchneristas o de otras ramas de la zoología. Enfrente, en cambio,la épica oficial levanta los pendones del ahorro del gas y de energía, porque según la lógica de estos mercaderes infames, una nación se desarrolla, no en la línea que le trazan sus paladines santos o heroicos, sino los organigramas de la Shell y de Edesur.

     No se combate a las reses rencorosas y cornudas con los mugidos de los cobardes. Se necesita el cayado señorial y justiciero de un pastor con porte regio, como decía Agustín de Foxá. Ni se combate a los cartagineses y a los fenicios con pokemones democráticos, sino con soldados de estirpe romana y corazón de cruzados. Quede predicada esta doble necesidad que nos impetra desde el fondo mismo de nuestro ser cristiano. El resto lo decide Dios, Señor de la Historia.


Antonio Caponnetto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 25 de agosto de 2016

Manipulación mediática de las Masas (Video) - Augusto TorchSon




  Nota de NCSJB: Pedimos disculpas por las partes faltantes del video que tuvimos que suplir con sólo el audio grabado desde otro medio a fin de que se pueda apreciar la conferencia en su totalidad.


  La idea de esta charla es demostrar que efectivamente estamos siendo sometidos a una agresión mediática, que trata de cambiar nuestra forma de ver la realidad y condicionar la forma en la que actuamos. Con esto el análisis se va a centrar un poco en la historia de la manipulación mediática así como su técnica, para terminar revelando finalmente quien está detrás.


  Conferencia brindada el 13 de Agosto de 2016, junto al Prof. Dr. Antonio Caponnetto.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 24 de agosto de 2016

La verdad, el nuevo discurso del odio. Ataques a Mons. Aguer



  Nota de NCSJB: Mientras los medios destrozan al arzobispo de la Plata por recordar sin ningun agregado personal la doctrina católica sobre moral sexual, no escuchamos voces de otros obispos argentinos para defender a Mons. Aguer.

  El judío director del INADI, Claudio Avruj, nueva policía de pensamiento, arremte contra el arzobispo y los medios aseguran que el mismo destruye lo que "Francisco" construye y nosotros nos preguntamos si sus hermanos obispos todavía creen en el juicio particular. 

  Lo bueno de todo ésto es que, una vez más, se pone de evidencia quién es quién, y se pone blanco sobre negro sobre una situación cada vez más escandalosa en la que, aunque perdamos humanamente, tenemos que mantenernos firmes a la hora de defender la Verdad evangélica.


“Si el mundo os aborrece, sabed que primero que a vosotros me aborreció a Mí”
Juan, 15, 18

Augusto



La fornicación



Por Mons. HECTOR AGUER, (*) Arzobispo de La Plata


  Encabezo deliberadamente esta nota con un título chocante; lo es porque la palabra empleada ha caído en desuso y puede causar extrañeza. No cito la definición del catecismo sino la del diccionario: “tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio”. Este vicio se ha convertido en algo trivial, común, insustancial. Lo llamo vicio porque el diccionario define “fornicario: que tiene el vicio de fornicar”. Él o ella en principio, aunque hoydía la “igualdad de género” permite otras combinaciones, antinaturales.

  Indico dos ejemplos de banalización. En la Sección Espectáculos de EL DIA se puede seguir una crónica diaria de la fornicación en el mundo de la farándula; hay records notables de señoritas (no estoy seguro de que sea ésta la identificación que corresponde) que cambian de “novio” cinco o seis veces al año; se supone que no se reúnen con ellos a leer la Biblia. Antes, a estos comportamientos y a las personas que los practicaban se les aplicaban otros nombres. Se puede pensar que son casos extremos, que se exhiben en un escaparate para suscitar envidia y la ilusión de llegar a imitarlos. Escándalo, como se lo llamaba antaño: inducir a otro al mal, más intenso cuando la conducta desviada es promovida como una moda. La superficialidad de esos casos resulta irrisoria: escarceos, idas y vueltas, traiciones y arrepentimientos, cada tanto algún rumor de embarazo que no se confirma. La protagonista innombrada, por supuesto, es siempre la cama. Felizmente, la mayor parte de la gente no tiene tiempo ni plata para gastar en esas placenteras ociosidades. Pero el mal ejemplo cunde, fascina, lo anormal se puede ir convirtiendo en deseable primero, luego en moralmente neutro y finalmente en normal. “Lo hacen todos”, ese es el lema.


SEXO EN LOS JUEGOS OLIMPICOS

  El segundo ejemplo prometido procede de los Juegos Olímpicos. El Ministerio de Salud de Brasil envió a Río de Janeiro nueve millones de profilácticos, 450.000 destinados a la Villa de los Atletas, donde se hospedaban 10.500 deportistas de todo el mundo, más los técnicos. La prensa brasileña hizo un cálculo: 42 condones por cada atleta, teniendo en cuenta los 17 días de duración de las competencias. La preparación para las mismas impone, como es lógico, la abstinencia, pero después de cada competición; ¡a coger atléticamente! No se asuste el lector por el uso de este verbo, no incurro en una grosería impropia de un obispo. El Diccionario de la Academia, en la acepción 24 del término señala que es un vulgarismo americano: “realizar el acto sexual”; pero en la acepción 19 define: “cubrir el macho a la hembra”; aquí entonces aparece en el significado de la palabra un matiz de animalidad. Quiero decir en consecuencia que la cultura fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo alguno es un signo de deshumanización, no es propia de mujeres y varones como deben ser según su condición personal. Algo de no humano, de animaloide aparecería en esa conducta.

  La deshumanización del eros, que por su propia naturaleza es carnal y espiritual, comienza por el descarte del pudor, de la honestidad, de la modestia, del recato. En estos valores cifra la plena humanidad de la actuación sexual, que no se exhibe obscenamente, ni en sus preparaciones. Pienso en el “petting” descontrolado en lugares públicos. Valga una muestra del impudor hodierno: los “trajes” de baño femeninos que se reducen a tres trocitos simbólicos de tela; ¿no sería más sincero que en la playa o la pileta se presentasen desnudas? No cargo la cuenta sobre el bello sexo; era tradicional que el varón tomara la iniciativa, y lo hace muchas veces abusando de su vigor, aunque las artes de la seducción no le sean ajenas, ahora desplegando instrumentos cosméticos, gimnásticos y hasta quirúrgicos. Por no hablar del cine, la televisión y las series de internet; a la pornografía la camuflan verbalmente hablando de “escenas fuertes”.


LIBERTAD LUCIDA

  La banalización que he señalado implica asimismo una confusión fatal acerca del amor: no es éste una mera efusión sentimental, ni la sola atracción física, sino especial y esencialmente un acto electivo de la voluntad, en el que se ejercita en pleno la libertad, una libertad lúcida, consciente, una decisión de permanencia que aquieta para siempre en el bien amado. La seducción de la belleza, por cierto, cumple su papel -Platón asociaba sabiamente belleza y eros- en el conjunto de la elección personal. Lo propiamente humano es que tal decisión electiva sea para siempre, como signo de madurez, preparada en una educación para el respeto mutuo, la amistad sin fingimiento, la disposición a afrontar juntos -él y ella- las dificultades de la vida tanto como las infaltables alegrías. Entonces cobra sentido la unión sexual de un varón y una mujer.

  En el contexto de una recta antropología, de una idea completa del ser humano en la que se asume su realidad biológica y psicológica, es fácil comprender que el acto sexual tiene una doble finalidad: es unitivo y procreativo. El gesto de la unión corporal acompaña, ratifica e incentiva la unión de las almas. La fornicación lo convierte en una gimnasia superficial y provisoria, propia de parejas desparejas, sin el compromiso de por vida que integra la expresión sexual en el conjunto de la convivencia matrimonial, con la apertura a los hijos. Una señal alarmante de deshumanización se manifiesta en el lenguaje: novio-novia, ex novio- ex novia, pareja-ex pareja, ya no marido y mujer, esposo y esposa; aquello debe llamarse, en realidad, concubinato. Las consecuencias personales y sociales se pueden percibir en la orfandad afectiva –e incluso efectiva- de tantos niños y adolescentes y la cantidad superior de abusos que se registra precisamente en el interior de esas formas de “rejunte”, que no son verdaderas familias. Además la generalización de las relaciones sexuales entre adolescentes no permite augurar nada bueno. Comienza cada vez más temprano la banalización del sexo.

  La finalidad procreativa del acto sexual es frecuentemente bloqueada, de modo expreso, intencional, en las fornicaciones ocasionales, pero también en la convivencia marital. El negocio de los anticonceptivos ha ocultado la sabia disposición de la naturaleza, que ordena en la mujer los ritmos de fertilidad. Todo ha sido bien hecho por el Creador, y el capricho humano se niega a utilizarlo, lo burla a su placer. La misma etimología lo esclarece de manera indiscutible: “genital”, “generación”, “génesis” integran una familia de palabras; en griego, en latín y en castellano: los órganos genitales y su uso sirven para dar origen a un nuevo ser.

  Existe además –no lo olvidemos- la fornicación “contra naturam”, ahora avalada por las leyes inicuas que han destruído la realidad natural del matrimonio y que se fundan en la negación del concepto mismo de naturaleza y de la noción de ley natural. La razón comprende que el cuerpo del varón y el de la mujer se ensamblan complementariamente porque están hechos el uno para el otro; y también sus almas. La discriminación de los antidiscriminadores ha llegado a límites inconcebibles, como el de negar el derecho de los niños a ser criados y educados por un padre y una madre; así se ha visto en la entrega en adopción de niños a “matrimonios igualitarios”. Los enciclopedistas anticatólicos del siglo XVIII se horrorizarían de semejante atentado a la razón.


CULTURA DEL DESENFRENO

  El laborioso remedio de una cultura fornicaria, del desenfreno, “akolasía” como lo llama Aristóteles, es la “sofrosyne”, la templanza, según el mismo Filósofo lo explicaba en el Libro III de su Ética a Nicómaco varios siglos antes de Cristo. Para nosotros, cristianos, a la destemplanza del incontinente la sana una especie concretísima de la templanza que se llama castidad. Aquel gran pensador observaba que hay algo de infantil, por la irreflexión, en el desenfreno, en la intemperancia; y añadía además que “se da en nosotros no en cuanto somos hombres, sino en cuanto animales”. Lo propiamente humano es que la potencia sexual y su actuación se integren armoniosamente a la riqueza de la personalidad, y que ese ejercicio se desarrolle en el orden familiar. Es éste el logro de la virtud.

  Tengo pleno respeto por las personas concernidas en todo lo que he dicho, y comprendo con cercanía y afecto sus conflictos, pero no puedo dejar de proclamar la verdad. Mal que le pese al INADI, si se entera.



(*) Arzobispo de La Plata
Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas


Visto en: El día



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