San Juan Bautista

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domingo, 31 de agosto de 2014

¿Cómo habrá victoria sin lucha? - P.A. Gálvez Morillas


Homilía 31 de Agosto de 2014 (Segunda) - P.A. Gálvez Morillas

Padre Alfonso Gálvez Morlillas




Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas

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sábado, 30 de agosto de 2014

Consecuencias de no proclamar la Reyecía de Cristo - Por Augusto TorchSon


  Al principio de la encíclica Quas Primas, donde se estableció la fiesta de Cristo Rey, el Papa Pio XI advertía que “un cúmulo de males había invadido la tierra porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado…” y “ también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador”.

  Si en 1925 S.S. Pio XI tenía esa preocupación, ¿que podríamos decir de los tiempos que corren? Abandonada la cristiandad, es decir la impregnación en el orden temporal del Evangelio, y reducido el culto a la sola práctica privada, que es lo que se puede denominar simplemente cristianismo; el resultante lógico de estas claudicaciones es la gran apostasía en la que estamos inmersos. Y buscando desterrar a Cristo  de nuestras sociedades, se creyó que su ausencia podría ser suplida con la con la técnica y la ciencia, sin embargo hoy vemos que éstas nos están llevando casi al borde de la extinción.

  El “non serviam” del demonio, hoy se hace eco en la humanidad toda que clama por sus derechos anteponiéndolos a los de Nuestro Señor; sin embargo Él mismo aclaró el alcance de su poder al decir: “A Mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra” (Mt. XXVIII, 18). Pero insistimos en un demoníaco antropocentrismo que busca una fraternidad sin Dios, y que no puede sino caer en el abismo al pregonar una hermandad desprovista de filiación Divina. Esa orfandad que se busca con tanta soberbia al pretender independizarnos de Nuestro Creador, es la que nos llevó a querer expulsar a Cristo no sólo de nuestras sociedades sino también de nuestros corazones; y Dios respetando nuestra libertad, nos entregó a nuestros mundanos deseos y así vemos que en esta inmensa nueva Torre de Babel que es el mundo moderno, solo reina el caos y la anarquía. Así, el asesinato de los hijos por sus madres en su mayor estado de indefensión, hoy es algo considerado “liberador”; el arte mientras más grotesco y blasfemo, es el más requerido por considerar hoy una “virtud” el ser transgresor; la familia está completamente desintegrada por el divorcio, el adulterio y la contracepción que destruye el amor conyugal para poner el sexo al servicio del hedonismo; se trata de redefinir a la familia para equipararla a las infecundas uniones de parejas con relaciones contranatura; la economía deja de estar al servicio de la prosperidad de los pueblos para convertirse en una herramienta de opresión a través de la usura; y la política deja de buscar el bien común de las naciones para transformarse en el instrumento de enriquecimiento personal de quienes trabajan para intereses foráneos a costa del bien común de sus compatriotas.

  Y teniendo en cuenta que siempre que se deja un lugar vacío, éste es ocupado por alguien más, en este caso, el lugar de Dios en nuestros corazones es ocupado por Satanás, que como padre de la mentira, se complace en prometernos un paraíso terreno, que, al estar basado en el más radical de los egoísmos, no puede sino generar este infierno en la tierra al que asistimos con la mayor de las indiferencias en la medida en la que no nos afecte personalmente los padecimientos del resto de la humanidad.

  Siguiendo con el Evangelio antes mencionado, Cristo nos instó diciendo: “Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todas las cosas que os he mandado” (Mt. XXVIII, 19); sin embargo, hoy desde las más alta jerarquías eclesiásticas, se limita esta actividad por Cristo mandada, por considerar que la Iglesia crece por atracción y no por proselitismo; y nos preguntarnos ¿cómo funciona la atracción sin bautizar ni enseñar las cosas que Cristo nos encomendó? Y en esto consiste precisamente el proselitismo, en ganar personas para la causa de Dios, en buscar que las naciones sean católicas, que Cristo reine; ya que como señala también la encíclica “Quas Primas” citando a San Agustín, “Él es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad  de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos”. Sirva esto para contrarrestar falsas propuestas de felicidad sin Dios del Obispo de Roma (aquí). Que si se decide renunciar según está anunciando, haciendo propaganda de su humildad, se puede dedicar a los libros de autoayuda más que a seguir hablando de nuestra fe ya que más que propagarla, esta diluyéndola en propuestas sincretistas y humanistas.

  Y en ese diluir la fe para no “molestar” a las otras religiones y hasta a los ateos, Bergoglio claudica a proclamar la Reyecía de Cristo y pide para que las oraciones del Ramadán Islámico den muchos frutos y hoy lo vemos en la masacre que estos dignos seguidores del sanguinario Mahoma están haciendo con los cristianos. Y dicho sea de paso, para quienes dicen que esto es una observación parcial de nuestra parte, los invitamos a leer el Corán. Otro tanto hace con los judíos actuales a quienes considera como fundamento y base del cristianismo, olvidando la claudicación de este pueblo teológico a su vocación de pueblo de Dios para transformarse en perseguidores y asesinos del Dios Encarnado y sus seguidores; y en el mismo sentido hoy vemos como masacran a niños palestinos (musulmanes o no) con saña demoníaca, y dominan el mundo entero a través de las altas finanzas que condicionan a las naciones para recibir ayuda económica a que se sometan a legislaciones subvertidoras del orden natural para destruir las identidades, culturas y tradiciones de nuestras patrias. Así mismo sucede con los protestantes, a los que hoy no se los invita a la conversión sino a la “Unidad en la diversidad” y por último y en una de los más terribles dobleces de la Roma actual, Bergolgio dice a los ateos que no hace falta creer en Dios para salvarse y se reúne constantemente con marxistas y terroristas que tanto daño hicieron en Argentina en la década del 70, ayudándolos incluso en la persecución contra quienes lucharon lícitamente para frenar esta demoníaca ideología. Y sabemos como decía G.K. Chesterton que: “Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa” y a lo largo de la historia estos sin Dios, sometieron y asesinaron a más personas que ninguna otra guerra en la historia.

  San Agustín en “De Civitate De” describía la lucha constante entre la ciudad de Dios y la del demonio diciendo: “Dos amores crearon dos ciudades, una creada por el amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo, y la otra creada por el amor a uno mismo hasta el desprecio de Dios”, y aunque hoy prevalezca la última y se diga como lo hicieron los judíos “no queremos que ese reine sobre nosotros”, debemos rezar y trabajar por que Cristo Reine; primero en nuestros corazones pero después en todo el orden temporal, tanto social como político; porque por mucho que le pese al mundo y a los traidores dentro de la Iglesia Católica, como nos prometió Nuestro Señor en el Evangelio antes referido: “Estad ciertos que Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”; por lo que no tengamos dudas en nuestra lucha que:

 ¡Cristo Vence! ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!


  Trabajando para que Cristo Reine

  Augusto TorchSon



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miércoles, 27 de agosto de 2014

LOS FRUTOS DEL RAMADAM (Y DEL ECUMENISMO) - Por Flavio Infante


  Cuando hace unos meses Francisco saludó a los musulmanes con otra de sus acostumbradas muestras públicas de bonhomie augurándoles copiosa cosecha de frutos espirituales del Ramadam, al punto pensamos: «¡que la boca se te haga a un lado por enésima vez, Pancho, que bien sabemos cuáles son esos frutos!». Y no se hicieron esperar los agraces, y la persecución sangrienta de cristianos en el área musulmana recrudeció con creces, quizás como nunca antes en la turbulenta historia de los de la cimitarra.

  Ocurrió lo previsible, lo recurrente, lo remanido: a medida que las matanzas y tropelías se multiplicaban (especialmente en Irak, pero también en Nigeria, como antes en Siria), la Santa Sede permanecía muda, como el endemoniado de Mt 9, 32ss., para no ofender a nuestros hermanos de la medialuna. Y cuando la realidad -irreverente, según su estilo- nos lo abofeteó al pontífice, éste se decidió a musitar unas irénicas exhortaciones. Pero como lo señaló con perspicacia Antonio Socci: «han sido necesarios una veintena de días y muchos pobrecitos, inermes e inocentes, muertos por homicidio, para que finalmente incluso el papa Bergoglio llegara a decir que es menester "detener" a aquellos criminales sangrientos que descuartizan, degüellan, violan, crucifican y cometen otros horrores... Detener, pero -precisó- "no bombardear". ¿Y cómo, entonces?». Acá está el secreto de la inopinada valía de Francisco: mesturar los reclamos con nuevos silencios, con propuestas absurdas. Así, al hacer el diagnóstico de la situación, se le olvidó mencionar la religión de los perseguidores y la de los perseguidos (en este último caso hizo la alusión genérica y vaga a las "minorías"), e insistió en condenar el recurso a la guerra (que, se sabe, desde el Vaticano II es siempre ilegítima). Finalmente se hizo pública la convocatoria a un partido de "fútbol interreligioso" con estrellas del balón de una y otra confesión, casi como para suplicar gráficamente a las salvajes milicias de Mahoma que se sirvan ejercitar la vis irascibilis en otro género de bombardeos, cuales son los que se lanzan contra el arco contrario.

  Lo que hace ochenta años pudo ser un arriesgado pronóstico en la pluma de Hillaire Belloc («el Islam es el enemigo más formidable y persistente que nuestra civilización haya tenido, y puede en el futuro transformarse en una amenaza tan grande como lo fue en el pasado»), refrendado poco después por Plinio Corrêa de Oliveira al aludir a «la gran inercia del Occidente cristiano ante la resurrección de la gentilidad afro-asiática» y «la renovación del mundo musulmán» (dormido después de Lepanto y Viena, pero lleno de virtualidades prontas a activarse cuando sonara la trompeta del cambio de rumbo histórico), estos avisos, decimos, han venido a encontrar la más cruda confirmación en nuestros días. Y han señalado una analogía plausible entre un mundo occidental presa de somnolencia, asido a un hábito inveterado de seguridad ya inexistente, y aquel Bajo Imperio romano ante la presión creciente de las hordas tras el limes. La paz por la que se aboga, la de la molicie, es razonablemente despreciada por aquellos jinetes ebrios de suras que repican odios y decapitaciones: «no viviremos con sucias bestias, como vosotros», amenazaron los miembros de una organización islamista nórdica que apunta a establecer una Noruega bajo las directrices del Estado Islámico. Ya se ve hasta qué lejanas latitudes llegan sus pretensiones. Y es que «no consideramos que debamos irnos de Noruega, porque hemos nacido y crecido aquí. Y la tierra de Alá pertenece a todo el mundo».

  Y no es todo. Como para fomentar los más fatídicos presagios, espigando en la concordia reconocible entre cierto temible punto de la profecía pública (Ap 18) y las más acreditadas de las privadas (aquella visión de Fátima acerca del obispo vestido de blanco arrastrándose entre ruinas), ahí sale un diario italiano a afirmar que el mismísimo Francisco, según fuentes israelíes, «se encuentra en el punto de mira del grupo yihadista Estado Islámico (EI) por ser portador de la verdad falsa». El mismo medio reconoce lo que tantos otros: «las llegadas continuas de inmigrantes [a Italia] sirven de base para la entrada de los yihadistas en Occidente». Recuérdese la ilícita injerencia de Bergoglio en estos asuntos inmigratorios que afectan a otros Estados en su ya célebre discurso en Lampedusa, que en su momento tratamos aquí. Y compruébese cómo le retribuyen sus protegidos, si la versión que corre es verídica.

  Si éstos, como la burra de Balaam, aciertan o no con el auténtico sentido de la acusación de ser Francisco «portador de la verdad falsa», es cosa ahora anecdótica. Lo temible, estando a la amenaza, es que Francisco viva en Roma. En nuestra Roma.





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lunes, 25 de agosto de 2014

Silenciar los ruidos del mundo para escuchar a Dios - P.A. Gálvez Morillas


Homilía 11° Domingo después de Pentecostés (Segunda)
Evangelio: Mc 7: 31-37

Padre Alfonso Gálvez Morillas






Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas


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sábado, 23 de agosto de 2014

Feminismo de género: Estrategia globalista de desintegración social – Por Augusto TorchSon


  El Papa Benedicto XVI siendo Cardenal, al referirse a la ideología de género, sostuvo que ésta constituía “la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura”. Así vemos como la rebelión del hombre contra Dios lo lleva a negar la naturaleza misma, y como obra maestra de Satanás, busca destruir todo el orden natural atacando la familia que es la célula básica de las sociedades. Con ese fin, busca corromper a la mujer, destruyendo la natural complementariedad que tiene que existir en su relación con el hombre, llamándola a liberarse de las supuestas ataduras de lo que consideran “anacrónica y opresiva” concepción patriarcal de la familia.

  Una de sus principales ideólogas fue Simone de Beauvoir, que sostenía que no se nacía varón o mujer sino que nos imponían culturalmente esa condición, negando así la más básica de las realidades biológicas. Pero donde realmente apuntaba Beauvoir, era a la destrucción del matrimonio, al que consideraba como la primera causa de esclavitud de la mujer por el hombre. Y destruyendo el matrimonio monógamo se podría terminar con tabúes impuestos socialmente, yendo hacia una sexualidad polimorfa, sin sujeciones, en donde la homosexualidad estaría bien vista y el aborto sería una necesidad.

  En el fondo, como se ve, estas propuestas no se conforman con lograr una supuesta igualdad entre hombres y mujeres, sino que pretenden abolir las identidades sexuales biológicamente femeninas o masculinas, para que la sexualidad se manifieste en sus más variadas formas, sin ningún tipo de sujeciones que se pretenden “culturales”. Pero, a pesar de plantear muchos contrasentidos, están apoyadas en un feminismo radical, por eso podemos observar cómo se utiliza el término “violencia de género”, exclusivamente para referirse a la que sufren mujeres, a pesar de ellas mismas negar esa realidad biológica. En vez de hablar de violencia doméstica, o violencia en el hogar, se busca exaltar la idea de la mujer como la oprimida en el matrimonio. Si es la mujer la que agrede a su marido, no cabe la tipificación de “violencia de género”. De la misma manera que hoy se habla de femicidio sin mencionar “masculinicidio”. Y en las legislaciones que prevén estas figuras, los atentados contra la vida de una mujer o un homosexual, tienen mayores penas que las cometidas contra varones heterosexuales, por lo que se presenta una verdadera desigualdad ante la ley, promovida paradójicamente, por quienes pretenden igualarse a pesar de las innegables diferencias.

  Volviendo a  S.S. Benedicto XVI, desenmascarando la verdadera naturaleza de esta ideología, y en consonancia con lo antes expuesto, afirmaba: “La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza pre constituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho prestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.

  Y estas revoluciones antropológicas no solo cuentan con el silencio cómplice de muchos de nuestros “pastores”, sino también con su descarada promoción. Así ya tuvimos en la Catedral de la ciudad de Córdoba en Argentina el bautismo de la hija de dos lesbianas que hicieron gala de su condición aberrosexual en el mismo templo; y ahora, por si aquello fuera poco, en provincia de Entre Rios, se bautizará a la hija de un transexual varón que pretende ser mujer y de una transexual mujer que pretende ser varón, y como cereza de la torta, los padrinos también serán transexuales, transgrediendo absolutamente todas las normas previstas en el derecho Canónico para el Sacramento del Bautismo (aquí).


  Mientras tanto nuestros obispos están muy preocupados por la cuestión social, ya que las cuestiones morales por efecto de la nueva concepción del obispo de Roma de misericordia, dejan de ser relevantes y ocuparse de ellas hace pasible a sus autores de ser objeto de persecuciones vaticanas que conllevan muchas veces castigos disfrazados de “ascensos”, cierre de seminarios, o intervenciones injustificadas, que son supervisadas por oscuros personajes. Esta nueva orientación también constituye una revolución y hasta una inversión antropológica.

  Aclaramos que todavía quedan valientes y solitarios cardenales, obispos y sacerdotes que no temen defender la Sana Doctrina a pesar de los riesgos que esto implica.

  El feminismo de género tiene como base al marxismo, que consideraba que el primer antagonismo de clases de la historia tuvo como sujetos al hombre y a la mujer unidos en matrimonio monógamo. Pero las feministas consideraron que los marxistas fallaron al apuntar su lucha en cuestiones puramente económicas, sin concentrarse en atacar a lo que consideran la verdadera y principal causante de la lucha de clases, la familia. Sin embargo, estas feministas de género que promueven la “deconstrucción de la familia” a través de la educación y la cultura, tienen como su principal enemigo, a la Iglesia Católica, a la que consideran como la gran culpable de la opresión de las mujeres. Sostienen para justificar este ataque, que la religión es el invento masculino creado con ese fin. Y así, infiltrados entre los mismos biblistas, podemos ver el ejemplo del exégeta de la Biblia de Nuestro Pueblo, de Luis Alonso Schökel, que menciona en pasajes como el de San Pablo en Efesios 5,23:  “… el hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo…Por cuanto así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo”; que dichas posturas no pueden entenderse como palabra de Dios y que si el santo hubiera vivido en nuestra época, el lenguaje nunca hubiera denotado sometimiento sino igualdad. Esto entre muchas otras interpretaciones en clave comunista que hace en reiteradas oportunidades. Y hoy es una de las Biblias más vendidas y difundidas en la Iglesia a pesar de su marcada orientación hacia la Teología de Liberación.

  Con los sentidos amortiguados, la moral anestesiada, la consecuencia lógica es el enfriamiento de la caridad, presupuesto prescripto por Nuestro Señor como signo de la proximidad de su regreso. Y ante estas satánicas y asesinas ideologías financiadas por capitalistas y ejecutadas por comunistas, que sólo tienen por objeto reducir la población hasta hacer de la humanidad un rebaño ínfimo, nuestro deber cristiano es salir de la comodidad y oponernos sin importar los riesgos que impliquen, pues lo que está en riesgo es mucho más que sólo nuestras vidas.

“…Pues quien quisiere salvar su vida, la perderá, más quien perdiere su vida por amor a Jesús, la hallará”
(Mt.16,25) 

Trabajando para que Cristo reine

Augusto TorchSon


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viernes, 22 de agosto de 2014

Los crímenes de los "buenos": El caso Rudolf Hess - Por Carlos García


¿Qué Justicia querían los que condenaron a Rudolf Hess? 

  Un caso especial de los tratados por los mercaderes de Nüremberg fue el de Rudolf Hess. Para él, cita la acusación el documento USA 474 y afirmaba: “Yendo a la página 8 de esta publicación, en la línea 2 tenemos el nombre de “Hess, Rudolf”, seguido de la nota “Por autorización del Führer, con derecho a vestir el uniforme de Obergruppenführer de las SS”. O sea, para poder enlazar a Hess tuvieron que imputarle “¡el derecho al uso de uniforme!”, ya que Hess estuvo prisionero de los británicos prácticamente durante toda la guerra, al volar a Escocia el 10 de mayo de 1941, para intentar un acuerdo que pusiera fin  a la guerra entre Alemania y el Reino Unido. De modo que estuvo ausente de su paíse durante el período más cruento de la contienda. Hoy diríamos que Hess fue condenado por “portación de autorización para el uso de uniforme”, delito grave, si los hay. Nada dice la acusación acerca del objetivo de la misión de Hess, ningún crimen concreto se le atribuye. A la fecha del vuelo no había “cámaras de gas”, “cámaras, diesel”, “cámaras eléctricas”, “máquina  rompe nucas”, “mini bomba atómica”; nada del arsenal con que la acusación deslumbró al tribunal.

  El juicio a Hess fue patético. Sufría de manifiesta amnesia y síntomas paranoicos que hubieran impedido llevarlo a juicio. Se intentó presentar a Hess como un farsante y decir que su dolencia era simulada; ello a fin de validar el juicio llevado adelante en tan irregulares condiciones. Sin embargo, todos los estudios psiquiátricos coincidieron en la existencia real de la patología. De hecho, a instancias de la defensa, el tribunal determinó tres pericias médicas sobre el imputado: una por los médicos británicos, otra por los americanos y finalmente, una por los rusos.

  Conforme lo explica el inglés J.Bernard Hutton, en su obra “Hess, el hombre y su misión”, los médicos ingleses sostuvieron: “…su pérdida de memoria… afectará a su capacidad de defenderse y para comprender detalles del pasado que surjan durante el proceso… Firmado: Drs. Moran, J.R. Ress y George Riddoch”. Los americanos afirmaron: “… la naturaleza de esa pérdida de memoria… afectará a sus respuestas a preguntas relacionadas con su pasado y también al desarrollo de su defensa… Firmado: Drs. Ewen Cameron, Jean Delay, Paul L. Schroeder y Nolan E.C. Lewis”. A su turno, los rusos confirmaron: “… su amnesia afectará a su capacidad para desarrollar su defensa y para comprender detalles del pasado que aparezcan como datos de hecho”. Nada de esto fue tenido en cuenta; el tribunal determinó que Rudolf Hess se encontraba en condiciones de atender su defensa y el juicio prosiguió en su contra.

  Airey Neave, oficial inglés a cuyo cargo estuvo la entrega del acta de acusación de Hess, refiere: “Los veredictos fueron pronunciados, por turno, el 30 de septiembre de 1946 por los jueces de las cuatro potencias. El de Hess fue sólo leído por el general Nikitchenko, el juez ruso. El tribunal… halló a Hess culpable de crímenes contra la paz y no culpable de crímenes de guerra ni de crímenes contra la humanidad. En algún momento del intervalo de veinticuatro horas que medió entre este veredicto y la pronunciación de la sentencia, el Gobierno Soviético, posiblemente el propio Stalin, intervino y expresó su más violenta oposición. El 1° de octubre, Nikotchenko, abochornado, leyó un fallo disidente, aludiendo al trato dispensado a los polacos en territorio ocupado y declarando a Hess culpable de “crímenes contra la humanidad”. La pena debía ser de muerte. Se produjo un atónito silencio en la sala del Tribunal de Nüremberg. Nadie dudaba de que este cambio había sido ordenado por Moscú. Constituía una burla a las concepciones occidentales de un “proceso justo”. Desde aquel día los rusos han mantenido su impecable odio a Hess como un elemento de su política internacional”.

  Cita Hutton un comentario hecho al respecto por Winston Chirchill: “Al reflexionar sobre ese asunto, me alegra de no ser responsable de la forma en que Hess ha sido y está siendo tratado. Cualquiera que sea la culpabilidad moral de un alemán que se mantuvo al lado de Hitler, Hess, en mi opinión, la había expiado con su acto de total entrega y el fanatismo de su lunática buena intención. Vino a nosotros por su propia y libre voluntad y, aunque no fue facultado para ello, poseía en cierto modo la calidad de un enviado. Era un casi médico, no un caso criminal, y como tal debería ser considerado. Winston Churchill”. Sin embargo, mister Churchill, el juez inglés, que no era ajeno a sus directivas, no se hesitó al firmar la condena.

  Aun con sus padecimientos, al tiempo de hacer uso de la palabra por última vez en Nüremberg, tuvo Hess la lucidez necesaria para pasar lista a muchos de los hechos vergonzosos que había anticipado: “Algunos de mis camaradas aquí presentes pueden confirmar el hecho de que, ya en los comienzos del proceso, predije lo siguiente: 1) Aparecerían testigos que prestarían bajo juramento declaraciones falsas y, al mismo tiempo, podrían crear una impresión de absoluta veracidad y serían tenidos en muy alta estima. 2) Era de esperar que el Tribunal recibiera declaraciones falsas formuladas por escrito bajo juramente. 3) Los acusados se verían asombrados y sorprendidos por algunos de los testigos alemanes. 4) Algunos de los acusados se comportarían de forma extraña. Harían desvergonzadas manifestaciones sobre el Führer, se incriminarían unos a otros falsamente. Quizás, incluso, se incriminarían a sí mismo y falsamente. Todas estas predicciones se han cumplido, por lo que a los testigos y a las declaraciones escritas se refiere, en docenas de casos; casos en los que las declaraciones bajo juramento de los acusados se encuentran en oposición con las anteriormente juradas por ellos… No me arrepiento de nada. Si hubiera de empezar de nuevo, actuaría como he actuado, aunque supiera que al final tendría que correr el riesgo de una muerte despiadada. No importa lo que cualquier hombre pueda hacer; algún día compareceré ante el Eterno para ser juzgado. Yo responderé a Él, ¡y sé que Él me declarará inocente!”.

  Hess fue condenado a prisión perpetua, nadie creyó en el ámbito del tribunal que la pena tendría esa extensión efectiva, la conciencia de los jueces necesitaba expiarse con un indulto o conmutación de pena. Sin embargo, nada ocurrió. Todos los intentos por que Hess fuera liberado, uno de ellos encabezado por el mismo oficial inglés que le impusiera de la acusación, fueron sistemáticamente desoídos.

  El 17 de agosto de 1987, autoridades aliadas anunciaron que Rudolf Hess había muerto en prisión de Spandau, la cual sólo se encontraba abierta para alojar al anciano alemán de 93 años. Al día siguiente se dijo que se había estrangulado con un cable, lo cual no fue confirmado. EL cirujano británico Hugh Thomas afirmó que Hess fue asesinado y que la autopsia practicada por el médico James Cameron revelaba que había muerto por asfixia, pero no mencionaba en su dictamen la palabra “suicidio”. Había sido asesinado un hombre que, pudiendo perseverar en una cuestión de insanía, prefirió dar testimonio de su integridad hasta el último momento de su vida.

Carlos García

Revista Cabildo - 3 Época - Año XIII N° 101. Págs. 24-25.


Agradecemos a nuestro amigo Octavio Guzzi por acercarnos el artículo.


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jueves, 21 de agosto de 2014

León Degrelle: Guerrero, Filósofo y Poeta - Por Octavio Guzzi


A veinte años de su muerte


  El 31 de marzo de 1994, en la ciudad de Málaga, partía de este mundo uno de los últimos guerreros de la segunda guerra mundial. Un viejo sobreviviente de la rabia de Nüremberg. Líder político, militante, soldado, padre y poeta, León Degrelle, parece sintetizar en su figura la amalgama de los templados héroes del parnaso.

  En el género autobiográfico, el mismo Degrelle se ha retratado en sus "Memorias". Nos ha revelado cuánto debió luchar, en territorio belga, para consolidar la unidad política de su movimiento rexista, nacido en honor al único Rex: Cristo. En fin, en estas páginas, se puede leer un colorido testimonio de un guerrero incansable batallando por el triunfo de la verdad. Dice en uno de sus párrafos: "Así, pues, me alisté como soldado simple, pese a que era padre de cinco niños, para que el menos favorecido de nuestros camaradas me viese participar con él de sus penas y sus infortunios..."

  Sin embargo, al conmemorar estos veinte años de su partida, hemos decido recordarlo, enfatizando su condición de poeta. Oportunamente, Santo Tomás recordaba que "el filósofo y el poeta tienen en común lo maravilloso". Seguramente, las difíciles experiencias de la segunda guerra mundial habían regalado a Degrelle la posibilidad de poner en práctica un bagaje de conocimientos que pronto serían transformados en una ascesis poética.


  Allí se producirá el encuentro con lo maravilloso. Las condecoraciones eran sólo un reflejo de una entrega absoluta; abandono propio del hombre filosófico que se da permanentemente a fin de encontrarse con la verdad. Idea y realidad, en Degrelle, se vuelven un todo indisoluble, prueba viva del apotegma "filosofar es estar presto a morir". De un momento a otro, esa filosofía se iría modelando hasta producir el deslumbramiento de las formas. El libro "Almas ardiendo" es el fruto de un soldado que ha lidiado contra todas las inclemencias, materiales y espirituales. Como lo dice el mismísimo Gregorio Marañón, en el prólogo a dicha obra, son "páginas de insuperable hermosura".

  Será suficiente emprender la lectura de la "Agonía del Siglo" para encontrar párrafos de intensa profundidad: "¿Para qué guardar al fruto maduro que tendría que repartirse entre todos? El amor, el mismo amor, ya no se da a los demás; se huye con él entre los brazos, de prisa, de prisa. Sin embargo la única felicidad era aquello: el don, el dar, el darse, era la única felicidad consciente, completa, la única que embriagaba, como el perfume sazonado de las frutas, de las flores, del follaje otoñal".  

  La aguda perspicacia que ha caracterizado a este "homo conditor", puede colegirse de la primera parte de este maravilloso libro.

  Claramente, y como su título lo indica, "Corazones Vacíos" narra las consecuencias de la posguerra, no como un estólido y vacuo relato del "triunfo de la libertad", sino más bien retomando una mirada analítica del hombre desacralizado. Entonces, el epílogo no se hace esperar: "Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo..."

  Degrelle, como buen poeta, sabía elevar su mirada a Dios. Sabía adorar el esplendor de la Forma, pues su vida y su gloria militar no eran otra cosa que una consagración a la Voluntad Divina.

  Así, este valiente y audaz luchador no nos dejará sucumbir en la pobreza de los tiempos. La "Vida Recta" es una lección para el combate diario. Es alimento para el hombre que reconoce en las armas un medio para alcanzar la gloria. "El gran ideal da siempre fuerza para domar el cuerpo, para soportar el cansancio, el hambre, el frío..." Nuevamente, aflora el coraje de nuestro luchador cuando en dicho capítulo leemos: "Una vez cumplidos nuestros deberes, ¿qué más da morir a los treinta años o a los cien años? ¡Lo que importa es sentir el corazón encendido, cuando la bestia humana grita extenuada!"

  Los capítulos se suceden en este libro que parece no tener fin. Cada palabra, cada hoja descubre un sinnúmero de reflexiones y alternativas. En la "Renunciación" nos enseña el misterio de la felicidad. "La verdadera felicidad, la felicidad digna del hombre, la que nos eleva, es la felicidad asistida por el espíritu, la que nace de la renunciación del alma, de su abdicación, en la plena conciencia, de los placeres que la vida nos ofrece y nos regatea".

  Podríamos abundar en citas. Pero entendemos, que siempre es mejor leer y releer el texto mismo. Allí, se encontrará un manual para el guerrero, una guía para el filósofo y una palabra para el poeta. •


Octavio Guzzi

Revista Cabildo 3° Época – Año XV – N° 108. Julio-Agosto 2014


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miércoles, 20 de agosto de 2014

EBRIOS – Por Flavio Infante


  Pero no «de vino, de poesía o de virtud», como quería Baudelaire (Petits poèmes en prose, 33) para conjurar la «carga horrible del Tiempo», sino ebrios de una peligrosa beodez provocada por la cobardía y el afán inmoderado de congraciarse con los enemigos de la Verdad. Disposición tristemente digna de ser incluida en aquella advertencia del Señor (Lc 21,34): guardaos de no embotar vuestros corazones con la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y merecedora por justo mérito de integrar el libro de los Hechos de los Apóstatas, de inacabable y perentoria compilación. Porque hay una cierta embriaguez consistente en el culposo apocamiento, en el ocultamiento de la lámpara bajo el celemín, que resulta de la mera ansia de conservación (= preocupaciones de la vida). Y ya lo supo el Aquinate: toda sociedad que reduce su actividad a la propia conservación en el ser (es decir, que renuncia a toda tensión expansiva) acaba por fuerza en la necrosis.

  Por eso, en este indecoroso y habitual ejercicio táctico del silencio o de la diagnosis tardía al que nos tienen acostumbrados los obispos, resulta sorprendente que un prelado se sirva escuetamente señalar la verdad latente en el criminal montaje que tiene por víctimas a los militares que libraron guerra en los años de la artera agresión marxista. En efecto, y para escándalo fácil de la opinión pública creada por el periodismo, el obispo de Villa María, monseñor Jofre Giraudo, señaló, sin abundar mucho más, que estamos ante juicios "discutibles" y "políticos", y denunció la manipulación dolosa del término "represión" a los fines de negarle a ésta toda legitimidad. Si Bernard Shaw habló del resentimiento como de la «venganza del cobarde», ése es el resentimiento que al fin vemos meticulosamente activo en la pantomima de unos juicios arracimados de irregularidades, y que son la vergüenza de las vergüenzas en este lodazal que llamamos -sin ánimo de eufemismos- democracia.

  De modo que estamos ante dos borracheras, como cuando se juntan el hambre y las ganas de comer: el afán desaforado de venganza de los unos y la prudentia carnis de los otros, capaces incluso de tomar la iniciativa cuando de salvar el cuero se trata. Como la reivindicación festiva que meses atrás ese zombi con birreta, el cardenal Poli, hizo del malhadado padre Mugica, muerto -según las más fidedignas versiones- por sus propios compañeros de ruta. O como la carnada que Francisco (quizás para acabar de complacerse con quienes hasta hace poco lo apuntaban como "entregador") ofreció a quienes juzgan el «caso Angelelli»: unas cartas enviadas por éste al entonces nuncio manifestando su temor a que lo mataran. Él, pobrecito, que no había hecho más que confraternizar con terroristas, y de cuya muerte el único testigo presencial (apartado de la causa bajo amenazas) señaló haber sido enteramente accidental.

  Por eso ahora, cebados en la cobardía de tanto prelado, sobreviene la consecuencia obvia de la valía de uno solo, del trino del pájaro solitario: el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), funesto cubil de lo peor del hampa roja, le pide a la Iglesia argentina que haga «explícita su posición institucional respecto al actual proceso de justicia por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar» (ver aquí). Sería la ocasión, ya que preguntan, de clamar desde el tejado una lección estentórea de historia y de moral, de rectificar el amañado lenguaje que imponen estos sicarios enriquecidos, de recordar el episodio del sargento Cruz pasándose del lado del valiente acorralado, de denunciar la vileza de una inquina que se desfoga en enemigos caídos. Pero no cabe esperar nada de esto. Ebrios de complacencias demasiado previsibles, nuestros pastores no harán más que cederles el terreno a los homicidas metidos a fiscales, ese poco terreno que aún se les concede pisar en el concierto de las instituciones irreconocibles.





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lunes, 18 de agosto de 2014

No se puede servir a dos Señores - P. A. Gálvez Morillas


Homilía 17 de agosto de 2014 10º Domingo después de Pentecostés

Padre Alfonso Gálvez Morlillas



  Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.



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domingo, 17 de agosto de 2014

La Virtud de la Esperanza contra el Nuevo Orden Mundial – Por Augusto TorchSon


  Mucho se ha escrito sobre las bondades de la globalización, del derribar fronteras. Sin embargo, estos eufemismos para establecer el Nuevo Orden Mundial, no tienen otro objetivo más que terminar con las patrias quitándoles sus almas y así la de sus habitantes. Se observa así con toda claridad que quienes tratan de imponer este paraíso socialista, son nada menos que los poseedores de los grandes capitales, usando el subterfugio democrático del Sufragio Universal. Coincidimos, aunque sólo en este punto, con las palabras de la filósofa Ayn Rand al sostener: “No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio”. Y entre los propulsores de estas ideologías que no resisten un profundo y coherente análisis, observamos  por ejemplo como la Revista Forbes ubica a Fidel Castro como el séptimo mandatario más rico del mundo (aquí). Nada que no se haya visto antes en los paradojales “paraísos comunistas y socialistas”.

  Pero lo que es importante señalar es la lucha más real y terrible que se da en la historia: la metafísica; esa la lucha entre el bien y el mal por el alma de los hombres. Y para Satanás, no hay herramienta más efectiva en esta batalla que el hacer del hombre un esclavo de sus sentidos que solamente busca la felicidad en lo terreno, en lo contingente. Y para conseguir la imposición de esta concepción antropocéntrica de la vida hay que quitar en el hombre el sentido de trascendencia, la esperanza en la eternidad compartida con Nuestro Creador, para suplantarla por un materialismo inmanentista que como señalaba con toda claridad S.S. Pio XI en su encíclica sobre el comunismo ateo, “Divini Redemptoris”; busca “pseudoideales de justicia y de igualdad que llenos de cierto falso misticismo  halagan a las masas con falsas promesas de redención”. De ahí la importancia de combatir estas ideologías que llevan en última instancia al hombre a la desesperación y a la condenación eterna.

  Hoy necesitamos más que nunca buscar el amor de Dios no basado en la experiencia inmediata que nos propone el mundo, sino en la fe. De lo contario, al ver tantos males, podríamos considerar que Dios nos abandonó a nuestra suerte, como se presenta en las concepciones deístas de la Masonería. Sin embargo San Pablo nos pone en la perspectiva adecuada al señalar: “…hemos sido salvados por la esperanza. Y no se dice que alguno tenga esperanza de aquellos que ya ve, pues lo que uno ya ve, ¿cómo lo podría esperar? (Rom. VIII, 24).

  Para ilustrar el razonamiento adecuado ante estas posturas que pretenden deshumanizarnos, quitándonos nuestras esencias en nombre precisamente del “humanismo”, conviene recordar a Pascual Pastore*, diputado democristiano que en la década del ’50, pidió la palabra en el parlamento italiano y dijo lo siguiente, increpando a los comunistas:

“Yo siento hacia vosotros una particular atracción, porque sois más infelices puesto que carecéis de esperanza.

  Permitidme este recuerdo: yo tenía diez hijos, la mayor que era toda mi ilusión, ha muerto y ha empleado cuatro años para morir. Cuatro años son tantos días, tantas horas, tantos minutos; pero yo espero verla nuevamente. Yo no hago otra cosa más que esperar, en apariencia yo ejerzo una profesión, trabajo, pero no es verdad, solo busco el cumplimiento de esta esperanza.  
 
  Más cuando pienso que vuestra ciencia, que vuestra ideología dice, con seguridad absoluta y enseña, que entre los huesos de mi hija muerta que espera la resurrección de la carne y los de la carroña de un buey, no hay ninguna diferencia; que mi esperanza es una estúpida ilusión al servicio del capitalismo, ¡Ah, entonces os digo comunistas, mientras hallan hijos que mueran y padres que esperan, se rebelarán contra vosotros!

  Vosotros tenéis de la vida individual y social, un concepto químico. He aquí la razón por la cual sois desgraciados. Los ácidos y las sales se combinan y de ello resulta una reacción dialéctica de la vida, donde no hay lugar para la esperanza. Así concebís vosotros todas las cosas, y aquí está la gran divergencia. Vosotros estáis ensayando, un “bleff” colosal; pretendéis hacer creer que vosotros estáis por los pobres y que nosotros estamos por los ricos, pero permitidme que os diga con todo el sentimiento y amargura posible, vosotros, no amáis ni a los pobres ni a los ricos, vosotros no amáis a nadie, porque vosotros no tenéis esperanza”.

*Relato extraído de la conferencia del Dr. Antonio Caponnetto: “La Esperanza, virtud de la familia católica” citando una anécdota relatada en un libro de Alberto Ezequiel Volpi.

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  Quisiera dedicar estas pequeñas líneas a la memoria de mi muy querido ahijado Luis María (Grignoncito) que con su año y nueve meses nos colmó de alegría y combatió con todas sus fuerzas y el mejor de los ánimos la enfermedad que por designio divino le tocó; habiendo sido un angelito en la tierra y hoy siendo un santo en el Cielo.

  De la misma manera quisiera manifestar mi admiración y aprecio por sus padres que demostraron una inmensa entereza y fortaleza ante tan terrible tragedia humana, que no se puede entender sino con la asistencia de la gracia, recompensa justa por su amor y fidelidad a Dios; y que, en una muestra de total abandono a la providencia divina, se fortalecen en la esperanza cristiana del reencuentro definitivo, para compartir juntos la Gloria eterna de la Visión Beatífica.  


  Augusto TorchSon

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viernes, 15 de agosto de 2014

La Madre de Dios Reinando en los Cielos - Por Sor María de Jesús de Agreda

 
  Luego que Nuestro Redentor Jesús entró en el Cielo llevando a su Madre Santísima, ésta fue colocada a la diestra de Él, su Hijo y Dios Verdadero, en el mismísimo Trono Real de la Beatísima Trinidad, a donde ni los hombres, ni los ángeles, ni serafines han llegado o llegarán jamás por toda la Eternidad. Esta es la más alta y excelente preeminencia de Nuestra Reina y Señora, estar en el mismo Trono de las Tres Divinas Personas, cuando todos los demás bienaventurados, no son más que siervos y ministros. Colocada María Santísima en su Trono Eminentísimo, declaró el Señor a los cortesanos del Cielo, los privilegios que graciosamente eran comunicados a la Madre de Dios. Entonces la Persona del Eterno Padre, como Primer Ministro de todo, dijo hablando con los ángeles y santos: “Nuestra Hija María fue escogida y poseída de Nuestra Voluntad Eterna entre todas las criaturas y la primera para nuestras delicias; nunca degeneró el título de Hija que le dimos en nuestra Mente Divina y tiene derecho a Nuestro Reino en donde ha de ser reconocida y coronada como Legítima Señora y Singular Reina”. Después el Verbo Humanado añadió: “A mi Madre verdadera y natural le pertenecen todas las criaturas que por mí fueron creadas y redimidas y de todo lo que Yo soy Rey, ha de ser Ella Legítima y Suprema Reina”. Por último el Espíritu Santo dijo: “Por el Título de esposa mía, amiga y escogida, a que con fidelidad ha correspondido se debe también a María la Corona de Reina por toda la Eternidad”. Dichas éstas palabras, las tres Divinas Personas pusieron en las sienes de María Santísima una Corona de Gloria de tan nuevo resplandor y mérito, cual ni se vio antes, ni se verá en pura criatura. Al mismo tiempo salió una voz del Trono que decía: “Amiga y escogida entre todas las criaturas, nuestro Reino es tuyo, tu eres Reina, Señora y Superiora de los Serafines y de todos nuestros Ministros los ángeles y de todo el resto de nuestras criaturas. Atiende, manda y reina prósperamente sobre ellos, que en nuestro supremo consistorio, te damos Imperio, majestad y señorío. Estando llena de Gracia sobre todos, te humillaste en tu estimación al inferior lugar; recibe pues ahora la supremacía de que se te debe y el dominio , participando de Nuestra Divinidad sobre todo lo que fabricaron nuestra manos con nuestra Omnipotencia. Desde tu Real Trono mandarás hasta el centro de la Tierra y con el Poder que te damos sujetarás al infierno y a todos sus moradores, todos te temerán como a su propia Emperatriz y Señora de aquellas tenebrosas cavernas de nuestros enemigos. Reinarás sobre la Tierra y todos los elementos y sus criaturas. En tus manos y en tu Voluntad ponemos las virtudes y efectos de todas causas, sus operaciones y su conservación, para que dispenses de la influencia de los Cielos, de la lluvia, de las nubes y de los frutos de la tierra; y de todo, distribuye según tu beneplácito, pues nuestra Voluntad estará siempre atenta para ejecutar la tuya. Serás Reina y Señora de todos los mortales para detener la muerte y conservar la vida. Seas Emperatriz y Señora de la Iglesia militante, su Protectora, su Abogada, su Madre y su Maestra, Serás Especial Patrona de los Reinos Católicos y si ellos, los cristianos y todos los hijos de Adán te llamasen de corazón y te sirvieren, los remediarás y ampararás en sus trabajos y necesidades. Serás Amiga, Guía, Defensora y Capitana de todos los Justos y Amigos nuestros; y a todos los consolarás, confortarás y llenarás de bienes conforme te obligaren con su Devoción. Para todo esto, te hacemos Depositaria de nuestras riquezas y Tesorera de nuestros bienes; en tus manos ponemos los auxilios y favores de Nuestra Gracia para que los dispenses a la Humanidad, no queriendo conceder cosa alguna a los hombres que no sea por tu mano. En tus manos estará derramada la Gracia para todo lo que quisieras y ordenares en el Cielo y en la Tierra; los hombres y los ángeles te obedecerán en todas partes, porque todas nuestras cosas son tuyas, como tú siempre fuiste nuestra y reinarás a nuestro lado para siempre”. Tal fue el discurso que pronunció la Beatísima Trinidad, y conforme a este decreto y privilegios concedidos a la Madre de Dios, mandó el Omnipotente a todos los cortesanos del Cielo, ángeles y hombres, que prestasen obediencia a María Santísima y la reconociesen por su Reina y Señora.


  Así lo hicieron en aquel felicísimo Reino en donde todas las cosas se reducen a su orden y proporción debidos. Los espíritus angélicos y las almas de los santos hicieron este reconocimiento y adoración, al modo que adoraron al Señor con temor, culto y obediencia, dando respectivamente la misma a su Divina Madre. Todos los santos que estaban en cuerpo y alma en el cielo, se postraron y adoraron con acciones corpóreas a su Reina. Esta Coronación de la Madre de Dios como Emperatriz de Cielos y Tierra, fue admirable para Gloria de Ella, de grande gozo y júbilo para los ángeles y santos y de suma complacencia para la Beatísima Trinidad. En ese día hubo grande fiesta en el Cielo empírico y se aumentó la Gloria Universal de todos sus ciudadanos. Dejemos pues a Nuestra Gran Reina y Señora colocada a la Diestra de su Santísimo Hijo, reinando por todos los siglos de los siglos. AMÉN.


Sor María de Jesús de Agreda - “Experiencias Celestiales”


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lunes, 11 de agosto de 2014

Creer a las palabras de Jesús o a los nuevos maestros - P. A. Gálvez Morillas


Homilía IX Domingo después de Pentecostés

Padre Alfonso Gálvez Morillas




Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.



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domingo, 10 de agosto de 2014

Obediencia ciega ¿camino de santidad? – Por Augusto TorchSon


  Con bastante poco criterio se utilizan frecuentemente frases descontextualizadas que se pretenden transformar en axiomas. Así por ejemplo se sostiene que: “todo es relativo como enseño Einstein”, cuando la teoría de la relatividad se refiere exclusivamente a cuestiones relacionadas con la física, y en una burda extrapolación se aplica por ejemplo para hablar sobre el indiferentismo religioso, tan promocionado hoy por las más altas jerarquías eclesiásticas. Y así con el erróneo concepto popularizado en el posconcilio de “sana laicidad”, los enemigos de Cristo, lograron imponer la falsa idea de la “necesidad” de separación de la Iglesia Católica de la vida social y política de los Estados, desconociendo que Cristo dijo de sí mismo Yo soy Rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo…(Jn.XVIII,37); y en razón de la Unión Hipostática, la doble naturaleza de Nuestro Salvador, le confiere asimismo tanto el reinado sobre el orden sobrenatural, como el natural. Por eso nos sorprendimos grandemente, cuando el Obispo de Roma en las profanas Jornadas Mundiales de la Juventud 2013 en las playas de Río dijo: “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad…”(aquí); consecuentemente nos preguntamos cómo podemos pretender que las leyes que se promulguen no sean inicuas si desde la más alta jerarquía eclesiástica se promueve la separación del Iglesia del Estado, que como consecuencia lógica conlleva al abandono de la concepción cristiana de la legislación.


  Pero volviendo a los nuevos axiomas, resulta necesario exigir que se contextualicen las frases con las que pareciera se pretende imponer la fe del carbonero al decir por ejemplo: “el que obedece no se equivoca”, ya que es necesario saber no solo a quién se obedece, sino también QUE se obedece. Y ante estas propuestas que en el nombre de la “tolerancia” obstaculizan el buen combate para que se reconozca la Reyecía de Cristo, se hace indispensable el análisis sobre cuándo se debe obedecer. Cuando expresamente se traicionan los mandatos divinos, no podemos escudarnos en la obediencia para desobedecer la Ley Superior. Si tuviéramos que atenernos a tales sujeciones humanas, ¿cómo entenderíamos la debida resistencia a la perfidia judaica que condenó a su propio Mesías, si ésta provino nada menos que del Sumo Sacerdote Caifás? Así por ejemplo, San Pablo al referirse a la conducta que deben observar los obispos, advirtió sobre quienes “profesan conocer a Dios, más lo niegan con las obras, siendo abominables y rebeldes, e incapaces para toda obra buena” (Tit. I,16).


  El argumento pueril de considerar que quien ocupa el sillón petrino (hoy más bien una sofá cualquiera de un club de barrio), no puede equivocarse gravemente, implica desconocer la libertad de las personas en la toma de decisiones. Y respecto a las elecciones permitidas o realizadas según designio divino, no podemos olvidar que Jesús nos advirtió sobre la cizaña que crece  junto al trigo y así también dijo respecto a Judas: “¿No soy Yo el que escogí  a vosotros Doce, y con todo esto, uno de vosotros es un demonio?” (Jn. VI,71).



  Ante esta situación, se hace necesario discernir sobre la conveniencia de obedecer cuando el riesgo es nada menos que el de la pérdida de la fe. Y tristemente, ante la falta absoluta de conocimiento de las cosas que son indispensables saber por parte de los católicos para su salvación; la promoción de graves errores doctrinales, no solo pasan desapercibidos, sino que además se ven como grandes actos de humildad y misericordia. Por este motivo es necesario objetar aún al mismo Obispo de Roma, Francisco, cuando sostuvo que los luteranos no son secta y les pidió perdón por los católicos que los obstaculizaron en su proselitismo para quitar a los católicos su fe, como lo hizo con los Pentecostales en Caserta; o nos dé un catálogo de felicidad, que omite la más mínima mención a nuestro Creador. Esto sin dejar de recordar que expuso en su exhortación apostólica Evangelii gaudium que “la alianza del pueblo judío con Dios  jamás ha sido revocada” a pesar de lo enseñado dogmáticamente en el Concilio de Florencia y por el Papa Eugenio III, que la alianza mosaica fue “revocada y abrogada”; y cuando escribe al referirse a los musulmanes que “confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único misericordioso, que juzgará a los hombres en el día final”, desafortunada frase que puede llevar a la errónea consideración que la concepción de Dios en ambas religiones es idéntica, y nosotros, a diferencia de ellos, adoramos al Dios Uno Y Trino. 


  Dicho sea de paso, la misericordia del dios musulmán difícilmente puede ser considerada similar a la del Dios verdadero, cuando esta falsa deidad según el Corán, invita constantemente al asesinato de “infieles”(no musulmanes) y hoy se observa con terrible crudeza la encarnizada matanza de cristianos a manos de estos fanáticos.


 Corre sin embargo, para refutar el error expresado en ambos casos, el de judíos y musulmanes, la bíblica objeción expresada en los Evangelios con toda claridad: “Quien cree en Él no es juzgado, pero quien no cree, ya tiene sobre sí la condena, por lo mismo que no cree en el nombre del Hijo unigénito de Dios”. Y aunque Francisco haya sostenido lo contrario, nosotros sí creemos en un Dios “Católico” y en una sola Iglesia igualmente Católica, fuera de la cual no hay salvación, y no en “unidades diversificantes” con quienes están apartados de la misma. 

  San Atanasio, excomulgado por el Papa Liberio que había caído en la herejía arriana, sostuvo: “Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición aún si ellos son reducidos a un manojo, ellos son la verdadera Iglesia de Jesucristo” y en igual sentido podemos afirmar que no son cismáticos quienes como San Pedro creemos que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”(Hch. V,29).

Augusto TorchSon


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