San Juan Bautista

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sábado, 22 de noviembre de 2014

Catecismo del liberalismo (1896) (I) – Presbítero Ramón Valle


Introducción

Pregunta. ¿Qué es liberalismo?
Respuesta. Es la doctrina que prescinde de Dios en todas las manifestaciones de la actividad humana.
P. ¿De qué modo se podría aclarar esta definición?
R. Diciendo así: El liberalismo es una doctrina religiosa, social y política, que tiende á separar de Dios al individuo, a la familia y a las naciones.
P. De manera que son tres doctrinas?
R. No es sino una misma, pero que se desenvuelve en esas tres esferas de acción.
P. Se podrá profesar el liberalismo político sin profesar el liberalismo religioso?
R. No, porque el liberalismo religioso y el político son una misma doctrina, aunque aplicada á diversos objetos. Lo mismo debe decirse del liberalismo social.
P’ ¿Cómo se explica más esto?
R. Haciendo ver que el liberalismo religioso funda los principios y que el liberalismo político no es Otra cosa que la aplicación de esos mismos principios.
P. ¿Pues cómo hay liberales que pretenden serlo en política y no en Religión?
R. Porque quieren engañarse a sí mismos, o porque intentan engañar á los demás. En muchos casos porque han meditado suficientemente acerca de las doctrinas que dicen profesar.
P. ¿En qué consiste principalmente el liberalismo religioso?
R. En negar el orden sobrenatural.
P. Y el liberalismo moderado?
R. En no ocuparse de ese orden.
P. ¿Cuál de ellos hace más daño?
R, El segundo, por la injuria que se hace a la conciencia.
P. ¿Es lícito negar el orden sobrenatural, ó por lo menos no ocuparse de él?
R. No, por muchas razones; entre ellas, porque eso sería ir contra la voluntad de Dios, lo cual nunca es lícito.
P. ¿En qué consiste principalmente el liberalismo social?
R. En retrogradar diez y nueve siglos, suprimiéndola civilización cristiana para volver á la civilización del paganismo.
P. ¿De qué medios se vale?
R De negar el poder social de Jesucristo.
P. ¿En qué consiste principalmente el liberalismo político?
R. En la deducción lógica de las consecuencias que entrañan las anteriores doctrinas, y en aplicarlas prácticamente á las naciones.


Del Liberalismo Religioso

P. ¿Podríais aducir alguna prueba evidente de que el liberalismo es ante todo una doctrina religiosa?
R. Muchas; pero bastará ver aquellos países donde ha dominado y domina el liberalismo, para no poder dudar de que sobre todo y ante todo se ocupa de las cosas de la Religión.
P. ¿Qué hace el liberalismo luego que logra dominar en una nación?
R. Sus principales leyes, sus teorías, sus periódicos, tienden á destruir el Catolicismo.
P. ¿Y sus pro-hombres toman con empeño la cuestión religiosa?
R. Como ninguna otra; pues si sus demás leyes se violan, llaman poco la atención; pero la  menor inobservancia de las leyes de persecución, los hacen poner el grito en el cielo.
P. Hay algún distintivo, en el orden religioso, que haga conocer desde luego á los liberales.
R. No podía dejar de haberlo.
P . ¿Cuál es?
R. El odio que tienen, la repugnancia que sienten hacia todo lo que de algún modo pertenece a Dios, a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santa Iglesia.
P . ¿Podríais poner algunos ejemplos?
R. Todo acto del culto los pone fuera de sí - Odian al sacerdote -. Se gozan en la profanación de las cosas santas. Desprecian las leyes eclesiásticas. En fin, tienen horror hasta al sonido de las campanas y á la vista de las sotanas.
P. ¿De qué son signo estos hechos?
R. De que, sépanlo o no lo sepan, tienen en su corazón verdadero odio a Dios, y a Jesucristo Nuestro Salvador.
P. ¿Cómo así?
R. Porque odian todo aquello que se los recuerda.
P. ¿Cómo manifiestan los liberales prácticamente, que siguen una doctrina religiosa, que respecto al Catolicismo debe llamarse anti-religiosa?
R. Por cuantos modos pueden; pero en especial, por la exclaustración de religiosos y religiosas; por el empeño de empobrecer á la Iglesia, para quitarle así muchos medios de acción; por la igualdad del culto verdadero y de los falsos, por medio de la tolerancia; finalmente, por declarar al Estado sin Dios, diciendo la blasfemia de que la ley debe ser atea.
P. ¿Y qué, la ley no debe ser atea?
R. Solamente que el legislador tuviera obligación de ser ateo, lo cual es absurdo.
P. ¿Por qué decís que para que la ley pueda ser atea, es preciso que el legislador sea ateo?
R. Porque la ley expresa la voluntad del legislador.
P. ¿De modo que el liberalismo no puede ser inocente?
R. Tanto como el ateísmo que es su última consecuencia; ya sea el ateísmo teórico, ya el ateísmo práctico.
P, ¿Pero no podrán ser disculpados los liberales, por no haber pensado en esto?
R. De ninguna manera; porque la Iglesia, que ha pensado por ellos ha condenado al liberalismo.


Del Liberalismo Político

P. ¿Cuáles son los principales principios de la doctrina liberal religiosa que son las bases de la doctrina política?
R. Son tres:
1° Establecer que el ultimo fin del hombre se cumple en la tierra.
2° Negar la Iglesia o por lo menos no ocuparse de ella.
3° Afirmar que las leyes civiles son superiores a todo Derecho, aun al natural y Divino positivo. O lo que es la mismo, sujetar la moral a la ley civil.
P. ¿Y no será licito sostener la primera?
R. De ningún modo, pues equivale a negar todo el cristianismo, especialmente el dogma de la Redención.
P. ¿Y será lícito negar o por lo menos no ocuparse de la Iglesia?
R. Eso equivaldría á negar todo el cristianismo, especialmente el dogma de la Encarnación.
P. ¿Qué decís de la tercera?
R. Que las naciones, y las leyes, lo mismo que los individuos, si no obedecen a Dios, obedecen al demonio, pues no hay medio entre uno y otro. Las leyes, para que lo sean, deben sujetarse a la moral. No es ley, y solo usurpa este nombre, la que se opone a la ley de Dios.
P. ¿Cuál es la fórmula más precisa de la pretensión liberal?
R. Establecer que la autoridad civil es, en todo caso, superior a la autoridad religiosa.
P. ¿Pues cuál es la verdad?
R. Que ambas autoridades giran en órbitas independientes; pero que se tocan en algunos puntos.
P. ¿Luego hay casos en que la autoridad civil en lugar de mandar debe obedecer?
R. Sin duda alguna. Siempre que se trate de principios relativos al dogma, o a las costumbres, o a la disciplina Eclesiástica, los gobiernos, lo mismo que los individuos deben someterse a las decisiones de la Iglesia.
P. ¿Y esto por qué?
R. Porque la misión de la Iglesia es precisamente legislar sobre esos puntos. De otro modo vendría a ser inútil la Iglesia Católica.
P. En general ¿Cuál es el fin del liberalismo?
R. Colocar al hombre en el lugar que en la sociedad siempre ha ocupado y siempre debiera ocupar Dios.


Catecismo del Liberalismo – Ramón Valle – Presbítero – Imprenta de Francisco Verdayes – León 1896 (Universidad de Nuevo León) Págs. 3-13



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jueves, 20 de noviembre de 2014

El Islam ¿Empresa Judía? (II) (1973) – Julio Garrido


La conciencia cristiana frente al Islam

  Los estudios y deducciones sobre el origen del Islam, las tesis históricas o doctrinales más o menos brillantes que hemos reseñado brevemente no deben de servir únicamente como un interesante recreo intelectual o un tema de discusiones y consideraciones entre los eruditos y los aficionados, sino que cobrarán su verdadero valor si sirven para reavivar el interés por el fondo religioso e ideológico de la trama de los acontecimientos del mundo en que vivimos y aclarar nuestras ideas sobre los deberes y los imperativos que nuestra condición de cristianos nos exigen.

  Esto es tanto más importante cuanto que se están desarrollando en el seno de la Iglesia unas tendencias de autocrítica y culpabilismo que han conducido a una inversión de la posición que unánimemente se admitía con respecto a los pueblos infieles. Se llega a afirmar que desde ahora en adelante son los misioneros los que deben instruirse y recibir enseñanzas de parte de los no cristianos, cuyos “valores espirituales” deben admirar y servir abandonando la idea de instruir y convertir. No tenemos más remedio que admitir, sí queremos ser sinceros, que las ideas que inspiran esta actitud se basan muchas veces en ciertas afirmaciones del Decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II. La evangelización parece que se quiere sustituir por el diálogo y el servicio. Un diálogo en el que se procure eliminar toda pretensión a tener la verdad y un servicio que en la práctica va en detrimento de la civilización europea y finalmente contra el prestigio y la influencia católica en los países de misión. Parece como si la principal preocupación de los misioneros debía ser el cultivo de los valores profanos: enseñanza neutra, sanidad, técnica y desarrollo material, en el fondo lo que hacen, o pretenden hacer, los innumerables “expertos” que se envían a los países subdesarrollados.

  Un ejemplo práctico lo tenemos en el actual conflicto árabe-israelí, en el que los cristianos juegan únicamente el papel de espectadores o ayudan más o menos disimuladamente a uno u otro de los dos bandos inspirándose únicamente en motivos políticos; pero parecen no darse cuenta del escándalo que constituye el que los Santos Lugares permanezcan en manos de los infieles, limitándose, muy tímidamente por cierto, a indicar que algunos de los Lugares Sagrados deberían gozar de un régimen internacional que garantizase la libertad de las tres religiones monoteístas, o sea que nos contentamos con tener los mismos derechos que el Islam y el judaísmo.

  Los cristianos con estos principios que circulan ahora de “estar a la escucha del mundo” adoptan actitudes pasivas dejando la iniciativa a los judíos que querrían dominar el mundo con sus poderosos medios financieros y su inteligencia privilegiada y a los musulmanes que, conscientes de la fuerza que emana de una fe común, querrían reconstruir una poderosa federación islámica con tendencias proselitistas y conquistadoras.

  La doctrina de la pasividad y el abandono de la idea de misión, sólo pueden traer el desastre para la civilización cristiana.

  Estas doctrinas nuevas postconciliares rompen con todos los principios hasta ahora admitidos y, como dice el R. P. G. de Nantes, “en el fondo hacen abstracción y silencian el hecho fundamental de la historia humana: LA CRUZ DE CRISTO y borran la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamento e inaugurarán una era nueva, una era mesiánica definitiva en la que los cristianos, silenciando el ACONTECIMIENTO esencial de Cristo, se reintegrarán a un Judaísmo universal. Y el Islam y el Marxismo” (que son sucedáneos del judaísmo, uno conservando el monoteísmo antitrinitario de Israel y el otro el mesianismo sociomórfico, carnal y sectario en él que el Partido es el nuevo Pueblo mesiánico) “se reintegrarán a este judaísmo universal y que condenará de nuevo a Cristo por creerse igual que Dios, y entonces la Iglesia se dará cuenta que buscar la unidad de los hombres juera de Cristo es una apostasía”.

  Frente a este espíritu de dimisión que ha invadido a la cristiandad, ¿cuál ha sido la reacción del Islam?

  Ni más ni menos de lo que se podía esperar: desprecio hacia los cristianos, refuerzo de sus ambiciones y continuación de su política de discriminación y negación de la libertad religiosa, impidiendo la predicación del cristianismo y continuando con su costumbre de ejercer represalias contra aquellos que se atreven a abandonar el Islam y abrazar el cristianismo.

  En un congreso musulmán mundial que se celebró en Mogadiscio, se habló de la coordinación y la consolidación de las misiones islámicas en el mundo y la utilización de todos los medios políticos y sociales para frenar el progreso de las otras religiones “importadas” hasta llegar a su eliminación completa. Los delegados de los 34 países participantes han decidido la unificación de los medios de propaganda y de enseñanza y la edición de un Corán tipo que será el único texto oficial. La lengua árabe, se declara, debe convertirse en el latín de los musulmanes y constituir para el islamismo el fermento de unidad y el factor de universalidad que el latín tuvo hasta ahora en la cristiandad. Se creó una comisión permanente en Khartum dirigida en su estrategia político-religiosa desde el Cairo, para desde allí propagar en toda África las consignas del panislamismo.

  En el Islam no se desarrolla el espíritu derrotista y ecumenista ni se suprimen las tendencias misioneras y proselitistas.

  Mientras las circunstancias no permitan reorganizar la acción misionera en los países islámicos es necesario conservar, aunque sea en minorías reducidas, el interés por la conversión de los musulmanes y desarrollar argumentos y medios que se podrían utilizar en el momento en que Dios lo permita. Las tesis del P. Théry desmontando claramente la impostura de Mahoma, nos aportan armas muy valiosas para futuros combates.

  En la práctica y en nuestras relaciones con los musulmanes no debemos nunca olvidar que el proselitismo no excluye ni los sentimientos de amistad ni el respeto de las personas. Por el contrario, esta amistad, para ser verdadera y sincera, debe basarse en la lealtad y la verdad, lo que excluye toda falsificación o disminución del Cristianismo y todo silencio sobre los puntos de discrepancia, de modo que el diálogo islamo-cristiano no se convierta en un diálogo islamo-liberal.

  No hay que olvidar que para entablar conversaciones con los musulmanes hay que partir de la base de que se trata de asuntos puramente religiosos; los católicos tienen que liberarse de ciertos prejuicios que circulan ahora entre ellos y que tienden a dar una importancia demasiado grande a los factores económicos y sociológicos. Lo primero que hay que hacer es persuadir a los musulmanes que no se puede emprender ninguna conversación seria si no abandonan los aspectos políticos y nacionalistas del Islam, que son el primer obstáculo a todo estudio serio de las creencias religiosas. Es solamente en una atmósfera serena de investigación religiosa independiente del tiempo y del lugar que se puede desarrollar un verdadero diálogo islamo-cristiano basado sobre el respeto a las personas y sobre la búsqueda objetiva de la verdad.


El Islam, ¿Empresa Judía? – Julio Garrido – Revista Verbo 1973 – Págs 620-623



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

El Islam ¿Empresa Judía? (I) (1973) – Julio Garrido


Los trabajos del R. P. Gabriel Théry

  El R. P. Gabriel Théry, de la orden de Santo Domingo, murió el
27 de enero de 1959 mientras recitaba piadosamente el Santo Rosario...

  Fue la curiosidad intelectual la que llevó al P. Théry a interesarse por la religión musulmana durante sus viajes a África del Norte. Los primeros contactos que tuvo con el Corán, que examinó con espíritu crítico y sin prejuicio alguno, le llevaron a darse cuenta de dos evidencias: 1.- el orden absurdo de los capítulos, clasificados de acuerdo con su longitud decreciente, que hacen perfectamente ininteligible la lectura del Corán; 2. la ausencia total de novedades doctrinales en estas pretendidas “revelaciones de Allah”.

  Con su formación de historiador especializado en el análisis de textos, el P. Théry pensó que el Corán debía ser estudiado como cualquier otro documento histórico, establecer su autenticidad, restituir el texto exacto, hacer la crítica interna y desentrañar las ideas en él contenidas, su origen y su historia...

  En 1944 el P. Théry publica una obra titulada “Toledo, grande ville de la Renaissance Médiévale, point de jonction entre les cultures musulmane et chrétienne” en la que ya indica su intención de abordar el problema fundamental del Islam.... El “Corán una vez traducido”, dice el P. Théry, “había que tratar primero del papel de los judíos y de los cristianos en la transmisión de las Escrituras. Luego, tomando el toro por los cuernos, demostraría que el Corán es sólo una deformación de las Sagradas Escrituras y que Mahoma es sólo un miserable. En conclusión, se insistiría sobre esta idea que el Corán y el Islam sólo son un tejido de abominaciones aparentada a las sedas heréticas más depravadas”...

  En 1955, después de varios intentos infructuosos para organizar un centro de estudios sobre filosofía árabe en el que se pudiese estudiar objetivamente el pensamiento musulmán, el P. Théry tomó la decisión de publicar el resultado de sus pacientes estudios sobre el origen del Corán, pero para no chocar con sus superiores, atacados por el complejo de prudencia y temor frente a los musulmanes, escribe su obra bajo seudónimo: Hanna Zakarias bajo el título de El Islam, empresa judía. De Moisés a Mahoma...

  La tesis de Hanna Zacharias se presenta como revolucionaria, monstruosa para muchos islamólogos, impía para los musulmanes, pues suprime de la historia universal una de las tres grandes religiones monoteístas que resulta ser una simple deformación de la religión judaica y reduce a uno sólo los libros revelados : La Biblia, de la cual el Corán es sólo eco y deformación.

  Ya varios islamólogos habían reconocido la existencia en el Corán de relatos emparentados con el Pentateuco, con leyendas rabínicas, con los evangelios apócrifos y una moral calcada sobre la tendencia judía, pero H. Zakarias va más lejos: no se trata de relatos emparentados, ni de influencias; se trata de una obra judía y no árabe.

  De un intento para convertir a los árabes al judaismo y no para fundar una religión nueva. H. Zakarias ha interpretado todos los capítulos del Corán en función de esta hipótesis. De este estudio se ve que la identidad de los temas, la existencia de detalles bíblicos, la misma redacción indican que no se puede tratar de simples coincidencias. Los musulmanes explican este paralelismo admitiendo que el Dios Único se reveló en el Pentateuco y en el Corán y pudo repetirse. Sin embargo, por poco que se piense en esta solución, se aprecia su falta de sentido, pues ¿cómo es imaginable que Dios haya repetido mezclados algunos fragmentos de su Revelación al pueblo de Israel, junto con leyendas judías, todo ello deformado, a menudo confundido y materializado? el instructor de Mahoma no pudo ser el Yahvé de Moisés. Hace falta un intermediario entre el texto bíblico y el “profeta” y aquí viene la hipótesis de H. Zakarias y es que un Rabino de la Meca fue el que se encargó de predicar a Mohamed el texto del Antiguo Testamento. El inspirador de Mohamed no fue el Dios único ni el ángel Gabriel, sino simplemente un judío, un rabino erudito que organizó esta catequesis para convertir a los árabes al judaísmo.

  Esta tesis ya había sido lanzada por dos autores ingleses poco conocidos, pero que son precursores de los estudios de H. Zakarias, y ninguno de los dos se atrevió a considerar a Mahoma, no como el fundador de una nueva religión, sino como el discípulo de un judío...

  El Islam, mero subproducto del judaísmo, carece de originalidad. Las pretensiones árabes se derrumban y sólo quedan como producto de la Revelación divina, el Judaísmo mosaico y el cristianismo...


El origen judío del Islam

  Según las conclusiones del P. Théry (H. Zakarias), Mahoma no ha compuesto el Corán, sólo ha sido su transmisor (como el mismo afirma repetidas veces), pero el texto no le fue dictado por Dios ni por el ángel San Gabriel, sino que es sólo la enseñanza apologética que un judío de la Meca le dictó en árabe y a esta enseñanza doctrinal de origen bíblico se unen las crónicas del apostolado en la Meca y en Medina, de modo que en el Corán actual existen dos partes distintas: una, que corresponde a las enseñanzas del rabino instructor y de las cuales seguramente sólo se conservan algunas partes, que fueron las que Mahoma retuvo en su memoria, y otra parte que constituyen unas verdaderas Actas del Islam.

  Las ideas básicas de la catequesis judía eran la aceptación de la ley Musaica y del monoteísmo y el rechazo de toda idolatría y como corolario el odio a la doctrina cristiana como opuesta al monoteísmo mosaico (no olvidemos que Jesucristo fue condenado por decirse Hijo de Dios). La finalidad del rabino era convertir a las tribus árabes en prosélitos judeo-árabes.

  Pero los árabes que aceptaron las enseñanzas de Mahoma que repetía lo que le dictaba el rabino, no aceptaron la fusión y menos la autoridad de los judíos, de modo que se organizaron en comunidad autónoma frente a los judíos y se sintieron orgullosos de tener ellos también un Libro revelado por Dios, un libro sagrado en árabe, lengua que hasta entonces era hablada casi exclusivamente por hombres primitivos e ignorantes...


Origen judío de las herejías

  La tesis del P. Théry sobre el origen judío del Islam puede darse por bien establecida desde el punto de vista histórico... El Corán no es una revelación divina pero contiene muchos elementos de la Revelación, y estos elementos son judaicos.

  Pero como el Corán es posterior a la venida de Nuestro Señor y posterior a la Revelación completa dada por el Nuevo Testamento, la religión musulmana no ha tenido más remedio que consignar la existencia del Cristianismo; el Corán habla de Jesús, hijo de María y los musulmanes lo consideran como un profeta, pero se escandalizan ante la afirmación “Jesús es Dios” y niegan su crucifixión y gloriosa Resurrección. Por esto algunos autores han considerado al Islam como una herejía, una herejía límite pues niega la inmensa mayoría de los dogmas de la Iglesia; pero de todos modos, una herejía.

  Frente a algunos de los cristianos ecumenistas filoislámicos que han afirmado que la Iglesia “nunca ha condenado al Islam como religión” hemos tenido la curiosidad de estudiar sistemáticamente las condenas solemnes de las tesis musulmanas; resulta de nuestro estudio que existen un total de cerca de 1.000 condenaciones solemnes de las tesis musulmanas; en realidad, esta religión conserva un número muy pequeño de verdades, que son las que también admite el judaísmo. Es, pues, el Islam una de las doctrinas más alejadas de la Doctrina ortodoxa.

  Es interesante el comprobar cómo en el origen de todas las herejías se encuentra una influencia judía; parece ser ésta una constante de la historia de la humanidad y la tesis del P. Théry nos demuestra que el gran enemigo del Cristianismo que es el Islam, también tiene un origen judío. Porque el pueblo judío ha sido y es un pueblo excepcional en la historia de la humanidad, los demás pueblos, las diversas civilizaciones, han sido efímeras, en cambio el pueblo judío continúa influyendo y actuando en el proceso profundo de la historia.

  Y, como dice enérgicamente el P. Julio Menvieille: “Todo lo malo que se perpetra en los veinte siglos de historia cristiana debe ser primero y principalmente judaico. Los otros pueblos, los gentiles, si quieren obrar la iniquidad tendrán que venir a la zaga de los judíos; los gentiles, si quieren carnalizar, tendrán que judaizar; así con gran exactitud teológica los Santos Padres llaman judaizantes a los gentiles que diseminan la herejía” (pág. 29), y más adelante añade: “Después que Cristo fue levantado en alto sobre el monte Calvario, el mundo ha quedado entregado a dos fuerzas verdaderamente opuestas: la judía y la cristiana. »En el mundo actual, en todas las manifestaciones de la vida no puede haber más que los modos verdaderamente fundamentales, dos polos de atracción: el cristianismo y el judío; sólo dos religiones: la cristiana y la judía. Sólo dos internacionalismos: el cristiano y el judío. Todo lo que no sea de Cristo y para Cristo, se hace a favor del judaísmo. De aquí que la descristianización del mundo corre paralelamente con su judaización”

  El Islam a pesar de ser un subproducto del judaísmo no parece a primera vista entrar en el esquema del P. Menvieille por su oposición actual a Israel, pero es también una constante de la historia que los enemigos del cristianismo se oponen con frecuencia unos a otros, sobre todo cuando el cristianismo no constituye peligro para ellos.

  Por ahora, los pueblos cristianos, atacados de parálisis y de falta de iniciativa y distraídos por sus preocupaciones materialistas, son incapaces de mantener ideas claras y reaccionar frente a los enemigos de su religión.


El Islam, ¿Empresa Judía? – Julio Garrido – Revista Verbo 1973 – Págs 609-620



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lunes, 17 de noviembre de 2014

El que busca encuentra y al que pide se le da - P. A. Gálvez Morillas


Homilía 16 de Noviembre de 2014

23° Domingo después de Pentecostés

Evangelio: Mt 9: 18-26

Padre Alfonso Gálvez Morlillas




Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.

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domingo, 16 de noviembre de 2014

La Noche – Charles Péguy


Conozco bien al hombre, dice Dios. Soy Yo quien lo ha hecho, de modo que…

Es un ser curioso
porque en él actúa esta libertad que es el misterio de los misterios.
Y se puede exigir mucho al hombre. No es malo.
Hay que decir bien alto que no es malo y que, cuando se sabe tratarle, se
  le puede hacer rendir mucho.
Y Dios sabe – dice Dios – si mi Gracia sabe tratarle
siendo como es insidiosa y hábil como un ladrón,
como un hombre que se dedica a cazar zorros.

Ya lo creo que sé tratar al hombre. Como que es mi oficio y la libertad 
   una creación mía.
Y sé que se puede pedir al hombre mucho corazón, mucha caridad y        
   mucho sacrificio
Y que tiene gran fe y gran caridad.


Pero lo que no hay manera de lograr es un poco de esperanza,
un poco de confianza, de reposo, de calma,
un poco de abandono en mis manos, de renuncia.
Todo el tiempo está en tensión.

Y sólo tú, noche, hija mía, consigues a veces del hombre rebelde
que se entregue un poco a Mí, que tienda un poco sus pobres miembros  
  cansados sobre la cama
y que tienda también su corazón dolorido
y sobre todo que su cabeza ande cavilando (que está siempre cavilando)
y que sus ideas no le anden dando vueltas y luchen en su cabeza y no se
  revuelvan como granos de calabaza o como un sonajero dentro de un
  pepino vacío.
¡Pobre hijo!

No me gusta el hombre que no duerme y que arde en su cama de
  preocupación y de fiebre.
No me gusta el que al acostarse hace planes para el día siguiente,
¡el tonto!
¿Es que sabe acaso cómo se presentará el día siguiente?
¿Sabe siquiera el color del tiempo que va a hacer?
Haría mejor rezar.


Porque Yo no he negado nunca el pan de cada día al que se abandona en
  mis manos como el bastón en la mano del caminante.

Me gusta el que se abandona en mis brazos como el bebé que se ríe
y que no se ocupa de nada y ve el mundo a través de los ojos de su madre
  y de su nodriza.
Pero el que se pone a hacer cavilaciones para el día de mañana
ese trabaja como un mercenario,
trabaja terriblemente como un esclavo que da vueltas a una rueda sin fin
y – esto entre nosotros -  es un imbécil.

Y hasta me han dicho que hay hombres que trabajan bien y duermen
  mal, que no duermen nada. ¡Qué falta de confianza en Mí!
Eso es casi más grave que si trabajasen mal y durmiesen bien
porque la pereza
es un pecado más pequeño que la inquietud,
que la desesperación y que la falta de confianza en Mí.

No hablo ahora de los que no trabajan y no duermen de preocupación.
Esos son pecadores, es claro.
Y les está bien. No tienen más que ponerse a trabajar.

Hablo de los que trabajan y luego no se duermen, de los que tienen la
  virtud de trabajar,
y no tienen la virtud de descansar.
Gobiernan muy bien durante el día los asuntos del día
y luego no se atreven  a confiármelos a Mí durante la noche
como si yo no fuera capaz de asegurar su gobierno durante la noche.
El que no duerme de preocupaciones es infiel a la esperanza,
Y ésta es la peor infidelidad.

¡Yo administro bien, pobres hijos, yo gobierno la creación entera, que es
  mucho más difícil!
Yo creo que quizá podríais sin grandes pérdidas dejar vuestros asuntos en
  mis manos, hombres sabios,
porque quizá yo sea tan sabio como vosotros.
Yo creo que podríais despreocuparos durante  una noche
Y que al día siguiente no encontraríais vuestros asuntos demasiado
  estropeados,
a lo mejor, incluso, no los encontraríais mal,
y hasta quizá los encontraseis algo mejor.
Yo creo que soy capaz de conducirles un poquito


Charles Péguy – “Palabras Cristianas” – Ed. Sígueme – Salamanca 1982. Págs.81-84


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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Pedro sobre los falsos profetas


Segunda epístola de San Pedro

2 Los falsos profetas

    1Verdad es que hubo también falsos profetas en el pueblo, así como verán entre vosotros maestros embusteros, que introducirán sectas de perdición, y renegarán del Señor que los rescató, acarreándose sobre sí mismos una pronta perdición. 2Y muchas gentes los seguirán en sus disoluciones, por cuya causa el camino de la verdad será infamado. 3Usando de palabras harán tráfico de vosotros por avaricia; más el juicio para ellos viene a grandes pasos; y no está dormida la mano que debe perderlos.


Ejemplo de Justicia divina

    4Porque Dios no perdonó a los ángeles delincuentes, sino que amarrados con cadenas infernales los precipitó al abismo, en donde son atormentados y tenidos como en reserva hasta el día del juicio. 5Tampoco perdonó al antiguo mundo, bien que lo preservó al octavo predicador de la justicia, Noé, con siete personas, al enviar el diluvio sobre el mundo de los impíos. 6Las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, las condenó a desollamiento, poniéndolas para escarmiento de los que vivirán impíamente. 7Y libertó al justo Lot, a quien estos hombres abominables afligían y perseguían con su vida infame; 8pues conservaba puros sus ojos y sus oídos, morando entre gentes que cada día sin cesar atormentaban su alma pura con obras detestables.


Dios libra a los justos

    9Bien sabe el Señor librar a de la tentación a los justos, reservando los malos para los tormentos en el  día del juicio, 10y mayormente aquellos que, siguiendo la carne, andan en deseos impuros y desprecian las potestades, osados, pagados de sí mismos, y que blasfemando no temen sembrar herejías; 11mientras que los ángeles mismos con ser tanto mayores en fuerza y poder, no condenan con palabras de execración a los de su especie.


Corrupción de los falsos doctores

    12Más estos otros, que, por el contrario, como brutos animales, nacidos para el lazo y la matanza, blasfeman de las cosas que no conocen, perecerán en los vergonzosos desórdenes, 13recibiendo la paga de su iniquidad. Ellos ponen su horrura y suciedad, se entregan a los deleites y muestran su disolución en los convites que celebran con vosotros, 14como que tienen los ojos llenos de adulterio y de un continuo pecar. Ellos atraen con halagos las almas inconstantes, teniendo el corazón ejercitado en la avaricia; son hijos de maldición. 15Han dejado el camino recto y se han descarriado, siguiendo la senda de Balaam, hijo de Beor, el cual codició el premio de la maldad, 16más recibió el castigo por su locura: una muda bestia, hablando en voz humana, refrenó la necedad del profeta.


Seducción de los falsos doctores

    17Estos tales son fuentes sin agua, y nieblas agitadas por torbellinos, para los cuales está reservado el abismo de las tinieblas. 18Profiriendo palabras pomposas hinchadas de vanidad, atraen con el cebo de apetitos carnales de lujuria a los que poco antes habían huido de los que profesan el error, 19prometiéndoles libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción; pues quien de otro es vencido, por lo mismo queda esclavo del que le venció. 20Porque si después de haberse apartado de las asquerosidades del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, enredados otra vez en ellas son vencidos, su postrera condición viene a ser peor que la primera. 21Por lo que mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia, que después de conocido abandonar la Ley Santa que se les había dado. 22En ellos se cumple lo que se suele significar por aquel refrán verdadero: Volvióse el perro a lo que vomitó, y la puerca lavada, a revolcarse en el cieno.


Comentarios de Mons. Straubinger

   2 1 Todo este capítulo, que nos muestra notables semejanzas con la Epístola de San Judas, es una terrible denuncia contra los falsos doctores o maestros embusteros que reemplazan a los falsos profetas del Antiguo Testamento, porque como ellos hablan con “razones inventadas” (v. 3; cfr. Jer. 23, 16 y 21); como ellos “se apacientan a sí mismos” (Ez. 34, 2ss.), “haciendo tráfico de las ovejas (v. 3), como ellos substituyen a Dios (Jer. 23, 27) para presentarse ellos como tales (cfr. II Tes. 2, 3 ss.). Y como serán  “del mundo”, muchos los seguirán (v. 2; cfr. Juan 5, 43; 7, 7; 15, 19) y el camino de los verdaderos discípulos de Cristo será infamado (v. 2; cfr. Juan 16, 1 ss.). (Véase I Tim. 4, 1 ss.; II Tim. 3, 1 ss.). Pronta Perdición: el destino del falso profeta es el mismo del Anticristo y de Satanás (Apoc. 20, 9).

   13“Es realmente asco lo que siente Pedro al pensar en esos servidores arrogantes” (Pirot). La paga de su iniquidad o el soborno que el mundo ofrece por ella (v. 15) es la terrible sentencia que anuncia Jesucristo cuando dice que “ya tuvieron su paga” aquí abajo (Mat. 6, 5 y 16; Luc. 16, 25) Véase también el castigo que San Pablo Señala en II Tes. 2, 10 ss.: la ceguera soberbia que los arraigará en el error para así llevarlos a la perdición final como a los fariseos enemigos de Cristo (Juan 12, 40; Hech. 28, 26).

  14“Los fieles deben reaccionar contra la seducción de los falsos doctores, bajo pena de sufrir una cruel desilusión cuando después del período de agitación febril en que les despiertan todas las esperanzas, se encuentran fríamente ante el vacío doctrinal”(Charue). Cfr. V. 17 ss.


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lunes, 10 de noviembre de 2014

El Reinado de un Antipapa y el Misterio de Iniquidad – Por Leonardo Castellani


  El Misterio de Iniquidad es el odio a Dios y la adoración del hombre. Las Dos Bestias son el poder político y el instinto religioso del hombre vueltos contra Dios y dominados por el Pseudo Cristo y el Pseudoprofeta. El Obstáculo es, en nuestra interpretación, la vigencia del Orden Romano. La Gran Ramera es la religión descompuesta y entregada a los poderes temporales, y es también la Roma étnica, donde este Misterio de Iniquidad se verificó por vez primera, a los ojos deslumbrados de Juan el último Apokaleta.

  La adoración del hombre con el odio a Dios ha existido siempre. “Ya funciona el Misterio de Iniquidad -dice San Pablo a los de Tesalónica-; solamente está sujetado, y vosotros sabéis cuál es el Obstáculo.”

  El Misterio de Iniquidad es el principio de la Ciudad del Hombre, que lucha con la Ciudad de Dios desde el comienzo; es la raíz de todas las herejías y el fuego de todas las persecuciones; “es la quietud incestuosa de la criatura asentada sobre su diferencia específica”; es la continua rebelión del intelecto pecador contra su principio y su fin, eco multiplicado en las edades del “No serviré” de Satanás.

  La cúspide del Misterio de Iniquidad es el odio a Dios y la adoración idolátrica del Hombre.

  El Misterio de Iniquidad tiende a corporizarse en cuerpo político y aplastar a los santos. Él fue quien condenó a Sócrates, persiguió a los profetas, crucificó a Jesús, y después multiplicó los mártires; y él será quien destruya la Iglesia, cuando, retirado el Obstáculo, se encarne en un hombre de satánica grandeza, plebeyo genial y perverso, quizá de raza judía, de intelecto sobrehumano, de maldad absoluta, a quien Satán prestará su poder y su acumulada furia.

  La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, obstaculiza esa manifestación y la reduce, apoyada en el orden humano que el Imperio Romano organizó en cuerpo jurídico y político; pero llegará un día, que será el fin de esta edad, en que desaparecerá el Obstáculo. El Espíritu Santo abandonará quizá este cuerpo social histórico, llamado Cristiandad, arrebatando consigo a la soledad más total a los suyos, dándoles dos alas de águila para volar al desierto. Y entonces la estructura temporal de la Iglesia existente será presa del Anticristo, fornicará con los reyes de la tierra -a l menos una parte ostensible de ella, como pasó ya en su historia-, y la abominación de la desolación entrará en el lugar santo. “Cuando veáis la desolación abominable entrar adonde no debe, entonces ya es.”

  ¿Será el reinado de un Antipapa, o Papa falso? ¿Será la destrucción material de Roma? ¿Será la entronización en ella de un culto sacrílego? No lo sabemos. Sabemos que el Apokalypsis, al describir la Gran Prostituta, señala con toda precisión “la ciudad de las siete colinas”: interpretación dada por el mismo ángel que a San Juan adoctrina.


P. Leonardo Castellani – “Cristo vuelve o no vuelve” (Primera ed.1954) – Ed. Vórtice – Págs. 27/28. (2004)

  
  Nota de NCSJB: es importante señalar que el derecho Romano que considera el P. Castellani como el posible Katejón, es el que hasta hace unas décadas regía mayormente en el orden jurídico mundial, y es el basado en el derecho natural. Hoy sin embargo, el positivismo jurídico o iuspositivismo, es el que en todo el mundo se tiene como base para legislar. Y así, en esta concepción que prescinde en el derecho de la moral y por consiguiente del orden natural; es que tenemos atrocidades legislativas como el aborto, la ideología de género y los pseudo derechos humanos con los que se pretende, no sólo que respetemos, sino que hasta aplaudamos los vicios más nefandos, bajo la amenaza de sanciones por discriminación, homofobia, prodictadura y muchos otros eufemismos con los que se pretende silenciar la verdad.


  No podemos dejar de mencionar, que este iuspositivismo que pretende adaptar la moral a las costumbres, hoy también lo vemos en el Vaticano gobernado por Jorge Mario Bergoglio. Con todo esto podemos pensar con bastante razonabilidad, que los presupuestos considerados por el P. Castellani, bien pueden aplicarse a la situación actual.


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Nota de NCSJB: Artículo ya publicado el viernes, 20 de diciembre de 2013

domingo, 9 de noviembre de 2014

La arrogancia de los obispos que pretenden juzgar la Palabra de Dios - P.Gálvez Morillas


Dedicación de la Archibasílica del Salvador

Homilía 09 de Noviembre de 2014

Evangelio: Lc 19: 1-10

Padre Alfonso Gálvez Morlillas

Nota: Al comienzo de la charla el P. Alfonso menciona un artículo sobre el obispo Schneider que apareció en Infovaticana cuando en realidad se refería a Infocatólica.




Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.



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sábado, 8 de noviembre de 2014

Quien no es fiel en lo poco, menos lo será en lo mucho – Augusto TorchSon


  En estos tiempos que corren quedan pocas opciones para los católicos que pretendan seguir siendo fieles. Dado el grado de alevosía y grosería de la apostasía en la Iglesia; o defendemos la Verdad Divina combatiendo el error sin concesiones, o transigimos con los mismos y nos sumamos a los que buscan incontables (y ridículos) argumentos para justificar la impostura. Y en esta disyuntiva, no cabe el silencio, ya que es la misma  jerarquía eclesiástica y sus grandes exponentes de modernismo religioso la que nos empujan a decidirnos. Y sabiendo que el principal promotor de las herejías modernas es quien ocupa la silla de Pedro, las opciones son claras: hoy más que nunca, con Dios o contra Dios.

  Se podrá puerilmente (más bien maliciosamente) tratar de justificar la obediencia al error y hasta al pecado con el argumento que Cristo instituyó el papado y al mismo tiempo señaló que las puertas del Infierno no prevalecerían sobre la Iglesia; pero esta descontextualización, entra en terrible contradicción con el resto de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras hoy pisoteadas y ultrajadas por el mismo sobre quien  “supuestamente” recaen las promesas divinas.

  Se nos dijo que no nos corresponde hablar y que es inútil hacerlo, ya que no podemos cambiar en nada la situación y además que al hacerlo somos imprudentes, incurriendo en juicios temerarios. Ante nuestra respuesta citando grandes santos que se opusieron al error, aún viniendo de un Papa legítimo, se nos respondió que ellos estaban autorizados a hacerlo y sería un acto de terrible soberbia pretender ponernos a la altura de los mismos. Esta misma gente es la que cree que para defender los Derechos de Dios es necesaria una experiencia mística, pública, y si es posible, científicamente comprobable, lo cual implica un grado de estupidez adecuado a la tibieza y cobardía de quienes hacen tales propuestas.

  Si para poder seguir siendo católicos fieles necesitamos de tales revelaciones, que hasta superarían a la mismísima Revelación Pública, entonces ha llegado la hora de relajarse y disfrutar, como dice la broma cruel al referirse a una violación que no se puede evitar. Y de hecho, esto que estamos viviendo es el más atroz de los ultrajes, el que se realiza en contra de la Verdad misma, que es Cristo y se hizo carne y se puso en manos de sus enemigos para redimirnos, más no para asegurarnos un confort terreno que tanto buscamos sin importar que claudicaciones requiera esta empresa.

  Y sin importarnos que éste o algunos de nuestros otros artículos, sean vistos por uno o miles de ciberlectores, ni nos reproduzcan en sitios de grandes cantidades de visitas; sabemos que nuestra tarea, con todas nuestras limitaciones, tiene que estar fundada en un celo verdadero y hasta en una santa ira. Y si nadie quiere escuchar, vamos a gritar en contra de estas espantosas herejías que promueve hoy quien está al mando de la Iglesia institucional y sus secuaces aunque tengamos que ir a un charco para que nos escuchen los renacuajos. Esto último para que no digan que pretendemos ponernos a la altura de San Antonio de Padua.

  Lamentablemente quienes deberían hablar, quienes deberían advertir a los fieles sobre  los peligros de seguir tan pecaminosa pastoralidad, no sólo callan, sino que hasta justifican y de esa forma promueven esos pecados contra expresos mandatos divinos. Porque como mencionamos al principio, es el mismo Bergoglio quien pone a los fieles contra la espada y la pared, para que lo sigan a él o sigan a la Santa Madre Iglesia y su Magisterio Eterno, Inmutable e Infalible. Cristo nos enseñó que “El cielo y la tierra pasarán, más mis palabras no pasarán” (Mc. 13, 31), y este Evangelio no admite diversas interpretaciones por más misericordina que se les quiera inyectar. Así hoy, la inmensa mayoría de los sacerdotes hacen el papel de perros mudos, haciendo que hablen hasta las piedras en su defecto. Muchos hoy son cómplices en la omisión de sus deberes de conducir al rebaño por el buen camino con su silencio, pero dentro de poco van a ser cómplices activos por unirse sin concesiones a la promoción de estos misericordeados" pecados.

  Quienes por el contrario, supieron dar un valiente testimonio de coherencia con su fe, oponiéndose a los errores modernistas de la jerarquía apóstata, padecen como es lógico, la persecución implacable de parte de estos últimos. Aunque esto es sólo el comienzo de los dolores de parto de la Iglesia, éstos varones católicos nos anticipan su conducta futura teniendo en cuenta las palabras de Jesús que nos enseña que “quien es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lc. 16, 10) y así en sentido inverso, quienes hasta el día de hoy, no supieron y no quisieron señalar públicamente los errores que conducen a la muerte eterna, mañana, cuando la presión sea mucha mayor, difícilmente tomen una actitud diferente.


Augusto TorchSon

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